Disponible en Amazon.com la Versión en Español de mi Novela Corta "Entre los Designios del Creador"


José Paulino Lozada, PEng, MSc

Estimados Lectores y Lectoras:

Estudié ingeniería y ciencias en México y en Canadá. Después de ejercer como profesor de ingenieria y como ingeniero durante muchos años en ambos países, descubrí tener un segundo talento, la literatura. Entonces me sentí llamado para amalgamar la ciencia y la tecnología con la escritura de ficción. Inicialment escribí narrativas de ciencia ficción, pero finalmente encontre mi verdadera pasion; la Ficción Mistica.

A continuación comparto mi primer obra en este género, espero sea de su agrado.

(En caso fuera de su interes adquirir el libro impreso, o la versión digital, estan disponibles en: Entre los Designios del Creador en Amazon)


ENTRE LOS DESIGNIOS

DEL CREADOR

 

Novela Corta


 

José Paulino Lozada

 

ENTRE LOS DESIGNIOS DEL CREADOR

©José Paulino Lozada, 2022

Todos los derechos reservados. Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de la cubierta, puede ser reproducida, almacenada o transmitida en manera alguna

ni por ningún medio, sin permiso previo del autor.

ISBN eBook:   978-1-988894-10-2

ISBN Printed book:  978-1-988894-11-9

 

Contacto:  reception@fidesetscientia.org

 

Descripción del libro

El sacerdote católico de una tranquila población costera se pregunta el motivo por el que Dios permite a los humanos la libertad de tomar decisiones, buenas o malas, por cuenta propia. Es decir, la concesión conocida como El Libre Albedrío. Inesperadamente surge de entre los feligreses un niño con inusitada capacidad para comprender la ciencia. Con los conocimientos de teología de uno y el talento especial del otro, hacen equipo para explorar los designios del Creador y, a pesar de malignas interferencias provenientes de diferentes fuentes, logran comunicar al mundo sus conclusiones: la humanidad debe tomar un derrotero con prioridades muy diferentes; las recompensas que nos esperan, en vida y mas allá, son de la magnitud del universo.

 

Acerca del Autor

José Paulino Lozada estudió ingeniería y ciencias en México y en Canadá. Después de ejercer como ingeniero durante muchos años en ambos países, descubrió tener un segundo talento, la literatura. Entonces se sintió llamado para amalgamar la ciencia y la tecnología con la escritura de ficción, y que mejor que la Ficción Mística.

 

Dedicatoria

A mis padres, a mis hermanas y hermano quienes, con su amor y abnegación, hicieron posible mi crianza y educación.

INDICE

 

Un Niño Soñador ………………………..…………..… 5

Sueños de Adolescente …………………….……….…. 11

Profesor de Secundaria …………………………….… 19

Presentación Con la Alta Jerarquía ………...…..….... 25

Inicio de Interferencias …………………….…..…..… 34

Temerosa Interferencia ……………………….…...…. 36

Un Explorador Independiente ……………….…..….. 42

Revelación Interplanetaria …………………….……. 47

Intensamente Observados ……………………….….. 54

El Futuro de la Humanidad ……………….…….….. 57

Conclusiones …………………………………...…….. 62

  

Un Niño Soñador

Una señora de un pueblo cercano vino a buscarme a la parroquia porque su nieto, un niño de diez años, había tenido sueños extraños y ella temía que pudiera ser obra del demonio. Dijo que acudían a mi, en lugar de ir con el párroco de su pueblo, porque yo tenía fama de ser un sacerdote sabio. Les di cita para el siguiente día y acudieron por la tarde. El niño, de nombre Mauro, era vivaz y en su rostro tenía una expresión de plena confianza.

Los atendí en mi oficina y pregunté al joven qué era lo que había soñado: él dijo haberse visto sentado sobre la enorme mano de un ser amable, y que a su alrededor se iniciaba una gran explosión de luz blanca; que la luz era muy intensa pero no lastimaba y que, poco después, la luz más bien era una infinidad de puntos brillantes que se esparcían a partir de lo que fuera el inicio, como cuando se encienden los fuegos artificiales en el pueblo.

Esta descripción me pareció una clara alusión al Átomo Primigenio, el Big Bang, el momento de la creación de este nuestro universo, donde inicialmente tuvimos solamente energía y, poco después, esta se convirtió en las partículas precursoras que formarían los átomos de hidrógeno, los cuales a su vez crearían las estrellas, galaxias, nubes cósmicas y el resto de la materia del Universo, la cual, a su debido tiempo, formaría nuestro planeta donde se encontrarían las substancias requeridas para los organismos vivos, incluyendo aquellas para nuestros cuerpos.

Lo miré sorprendido y con incredulidad, pensando cuál sería la razón por la que un niño pudiera hablar del Principio del Universo en forma similar a la descrita mediante la física moderna, dando entrada a la posibilidad de que alguien lo hubiera instruido para contar tal historia o de que, en realidad, hubiera sido un sueño.

Mauro, a manera de comprobar que estaba diciendo la verdad, decidió continuar con su relato. Agregó que entre la infinidad de puntos blancos, había otros aún más brillantes y que, al poner atención, observó que los que iban delante representaban a sus hermanos y primos mayores, un poco más adelante iban sus padres, sus tíos y tías, sus abuelos y abuelas y que, aunque no los había conocido, podía saber que los que iban al frente en la distancia representaban a todos sus antepasados, los cuales parecían fundirse en un distante punto común. Hizo una pausa, me miró con atención para saber el impacto que sus palabras estaban teniendo y continuó diciendo que: volteando hacia atrás veía una neblina suavemente iluminada. y que comprendía que se trataba de su descendencia. Me quedó claro que de alguna manera sabía que tendría hijos e hijas, nietos y nietas, bisnietos y bisnietas.

En este punto el niño hizo una pausa y volteó a ver a su asombrada abuela, obviamente había detalles que ella no sabía porque no se los había mencionado. Mauro se acomodó en su silla y dijo que hacia adelante se podía ver que había un origen común en los puntos; clara alusión a los ancestros comunes, los primeros humanos que recibieron un alma. Para terminar dijo que hacia atrás la neblina se expandía como en un abanico y que después disminuía la intensidad hasta volverse imperceptible.

Sorprendido ante al privilegio de tener la oportunidad de estar en contacto con un ser extraordinario, dije a la abuela y al pequeño que el sueño era algo celestial y para nada demoníaco. Después, eligiendo simples palabras, expliqué que se trataba del momento de la creación, cuando Dios decidió crear el universo con todas sus estrellas, las cuales estaban representadas por los primeros puntos blancos y que, ciertamente en su sueño, también había percibido la creación de la esencia para las almas de los humanos que habitarían el planeta tierra. De esta forma los puntos blancos mas notorios representaban a sus ya fallecidos ancestros y que la neblina representaba a su aún por definirse descendencia.

Para la difícil cuestión del desvanecimiento de la neblina hacia el futuro, dije que era normal que el futuro se viera borroso, ya que nadie sabía con certeza qué era lo que El Creador nos tendría preparado. Para terminar, los invité a regresar en cualquier momento que tuvieran dudas y, caminando entre los limoneros del jardín, los acompañé hasta la puerta del atrio.

Después fui a la iglesia para postrarme ante el altar y, en oración, preguntarle al Creador si era posible la existencia de un ser que, desde tierna edad, tuviera la capacidad de percibir cómo fue el principio de su obra que, como sabemos, Dios siendo un ser todo poderoso y que todo lo sabe, decidió crear este universo a partir de la nada para que, entre otras cosas, a final de cuenta existiera este planeta. Pero me pregunto si acaso habría creado antes otros universos donde todo estaba bajo su control, siempre sabiendo que ocurriría, lo cual obviamente resultaba aburrido.

En esta ocasión, para que hubiera un cambio donde los asuntos fueran más interesantes, decidió que la cúspide sería una especie donde los individuos, como todo lo demás, estarían integrados a la naturaleza, tendrían un grado de semejanza con El Creador, así como el comando de seguir lineamientos preestablecidos; pero adicionalmente estos seres estarían dotados de inteligencia ligada a una consciencia inmortal integrada al resto del universo, es decir un alma, y la capacidad de tomar decisiones por sí mismos. Estas características obviamente son las que desearíamos para un hijo o una hija a quien amaríamos profundamente. No hay la menor duda, somos los amados hijos e hijas de Dios.

 Asimismo, Mauro parecía saber respuestas a preguntas que, desde mis épocas de seminarista, me había yo hecho: ¿En qué momento fueron creadas las almas eternas que habitan, han habitado y habitarán los cuerpos de los humanos? Yo he pensado que tomó la decisión de crear una esencia desde el comienzo del universo mismo, simultáneamente con la materia y las energías físicas generadas durante el Átomo Primigenio. Posteriormente, al momento de la concepción, tomando una porción de esa esencia, el creador amorosamente moderaría un alma personal para cada individuo que naciera. Inicialmente serian unas almas infantiles e inocentes, pero conteniendo ciertos principios éticos y morales fundamentales. Durante la gestación y después del nacimiento, estas almas, manteniendo contacto con la esencia del universo, se irían ajustando mediante una combinación de factores biológicos, educacionales, sociales y ambientales. En medio de este torbellino de factores cada individuo iría descubriendo estar dotado del Libre Albedrío y de poder ejercerlo con sus debidas restricciones.

¿Cuándo fue el inicio de este ciclo? En círculos científicos así como en teológicos, varios autores están llegando a la conclusión de que los cuerpos con la capacidad de albergar un alma, la cúspide del ingenio del Creador, fueron configurados hace aproximadamente setenta mil años.

El conversar con el pequeño me hizo recordar la época en que decidí dedicarme al sacerdocio; la opción ya la había contemplado desde tiempo atrás, pero fue durante una plácida noche, cuando mis padres ya estaban durmiendo y yo, con veintiún años y estudiante del octavo semestre de la Licenciatura en Biología, me había salido a fumar al patio, pues no quería que mis padres supieran que lo hacía. Había una hermosa luna llena y en el radio de onda corta que teníamos, escuchaba las noticias de Radio Vaticano. Se habló de los misioneros que atendían iglesias de diferentes partes del mundo donde había conflicto y la manera en que llevaban consuelo espiritual a los habitantes de esas regiones. A la mañana siguiente comuniqué a mis padres mi decisión de dedicarme al sacerdocio. Para mi madre no fue sorpresa, pero sí lo fue para mi padre quien, con la esperanza de que yo cambiara de idea, puso una condición; debería yo primero terminar mis estudios y graduarme formalmente.

Cumplí con la condición de mi padre, primero obtuve mi grado como biólogo y dos años después estaba inscrito en un programa de formación sacerdotal. Fue un largo camino y antes de cumplir los veintiocho años estaba yo recibiendo mis votos sacerdotales. Durante un tiempo ejercí en parroquias de mi país de origen, pero siempre teniendo en mente ser trasladado a una zona de conflicto donde pudiera llevar fe, esperanza y caridad a los más necesitados. Cuando se desató la guerra en Centroamérica solicité ser trasladado ahí, y efectivamente, tuve la oportunidad de brindar consuelo a los inocentes afectados por la brutal violencia ejercida por los diferentes bandos. Pero, después de varios años de estarme preocupando si el Creador había hecho lo correcto al concedernos el Libre Albedrío y la capacidad de cometer brutalidades, llegó un momento en que mi cuerpo no pudo más y me vi afectado por una profunda depresión. Pedí regresar a mi país, donde se me asignó atender esta parroquia de Santa Cecilia, localizada sobre un acantilado y con vistas al mar, en una pacifica población costera. Esta decisión fue tomada en parte porque mis superiores juzgaron que yo había quedado emocionalmente traumatizado, y que sería mejor que atendiera una parroquia de un pueblo pequeño y sin complicaciones.

Aquí he tenido la oportunidad de reflexionar y escribir mis pensamientos sobre el amor y la misericordia infinita que El Creador tiene por sus amados hijos. Y, precisamente en estos momentos, Dios me envía a un joven que pareciera ser uno de sus emisarios, llámese profeta, científico, místico, genio, o lo que sea; combinación de cuerpo y alma, que Él, de vez en vez decide que pongan pie en la tierra para tratar de enderezar lo que ande mal. El motivo, pienso, es que los humanos con su capacidad de tomar decisiones propias tienen la fuerte tendencia de desviarse del propósito de su existencia. Estos emisarios son pocos y muy esparcidos en tiempo y lugar; lo cual no puede ser de otra manera, pues al igual que los milagros curativos, ejercerlos en exceso alteraría las leyes físicas que rigen el cosmos.

Por otro lado, en algún momento de mis reflexiones decidí que el asunto de Mauro ameritaba ser comunicado con mi superior, el obispo local, y le escribí una carta. En cierta manera ocurrió lo esperado; él me consideraba mentalmente inestable, seguramente pensó que se trataba de exageraciones sin fundamento y jamás envió respuesta.

Mientras tanto yo me mantenía en contacto por correo con la abuela de Mauro. Durante largo tiempo ella me informó sobre los impresionantes logros académicos del niño y la manera en que sus padres y maestros se sorprendían por su capacidad de aprender, pero por algún motivo sus sueños celestiales se habían interrumpido.

 

 

 

Sueños de Adolescente

Mauro, para mi sorpresa, tiempo después, cuando tendría como catorce años, se presentó solo en la parroquia; cursaba el segundo grado de la escuela secundaria y con pretexto de tener que hacer un trabajo escolar había tomado el autobús para venir a mi pueblo. Dijo haber tenido otro sueño aún mas extraño y que no lo había comentado ni a sus padres ni a su abuela para no preocuparlos. Yo no tenía compromiso y pude atenderlo inmediatamente; me dijo que gracias a las clases de biología que había tomado recientemente le había sido posible entender este último sueño. Dijo que nuevamente había sentido estar sentado sobre la mano del ser amable, pero esta ocasión viajando entre galaxias y estrellas, y que en un momento dado pudo vislumbrar al planeta tierra, al cual rápidamente se acercaron, con la intención de dirigirse a su pueblo. Ahí entraron a su casa, donde su atención se concentró sobre una célula colocada en el vientre de su madre, que supo era su embrión unicelular, el ovulo siendo fecundado por el espermatozoide de su padre y, por lo tanto, listo para alojar a su alma. Pero que, más extraño aún, simultáneamente sentía ser ese embrión, el cual gustosamente invitaba al alma a depositarse en su interior, extendiendo una protuberancia de su membrana celular.

Al mismo tiempo, la mano donde su alma reposaba y que era una mano derecha, extendía su dedo índice. Después despertó espantado y decidió debía venir a verme inmediatamente. Mi respuesta fue que debía dar gracias a Dios por haberle concedido saber cómo fue el momento en que se convirtió en persona de cuerpo y alma, pues la mayoría de nosotros nunca lo hemos percibido y solamente sabemos que existimos cuando tenemos dos o tres años. Después le di el número de nuestro recientemente instalado teléfono y le dije que podía llamarme o venir a verme cuantas veces juzgara que fuera necesario y lo mandé a casa.

Este nuevo sueño ameritaba difusión, pensé que confirmaba que teníamos entre nosotros a un ser extraordinario, elegido por El Creador dado que desea transmitirnos un mensaje. Teniendo la certeza de que mi obispo me iba a ignorar nuevamente, decidí romper mis votos de obediencia y dirigirme a un colega sacerdote de nombre Pedro, quien estaba comisionado en una iglesia de la capital del país. Pensé que él podría contactarme con alguna autoridad eclesiástica dispuesta a escuchar mi historia. Respondió diciendo que exploraría posibilidades, aunque era riesgoso para él, pues como cómplice mío también desobedecía el reglamento.

Transcurrió un año antes que volviera a saber de Mauro, me llamó para comentar que había tenido un sueño muy diferente. Hicimos cita para el sábado por la mañana y esta ocasión nos reunimos en la capilla de la parroquia. Me relató lo siguiente:

“Hace varios días, al regresar a casa por la tarde, dejé mi mochila en la sala y fui al jardín, donde tenemos una hortaliza. Me recosté sobre la hierba, el lugar que me gusta en los momentos de aburrimiento y me puse a relacionar mi sueño anterior, cuando estaba sentado sobre la mano de un ser amable, con la imagen de una tarjeta postal que me obsequió el cura de mi pueblo y que había adquirido una ocasión que hizo un viaje a Roma. Es la reproducción de una pintura que está en una iglesia y que fue creada por un gran pintor de nombre Miguel Ángel. Esta obra representa el momento en que Dios concede la vida al primer hombre sobre la tierra. En medio de mis pensamientos miraba el dedo índice de mi mano izquierda, al igual que Adán, pensando que alguien lo había tocado cuando estaba en mi estado unicelular, para después hacer entrega de mi alma, como quien deja caer una perla dentro de un joyero.”

En este punto Mauro hizo una pausa y me pidió agua; estaba profundamente emocionado. Fui a la cocina y le traje un vaso de limonada.  Bebió la mitad y continuó:

“Después miré a mi derecha y observé la hoja de una mata de jitomate, mi madre tiene una buena cantidad de ellas en su hortaliza. Al contemplarla me distraje de mi pensamiento anterior y me pregunté el motivo de la naturaleza para expresarse en el color verde. Este pensamiento me hizo experimentar una sensación de infinita tranquilidad y después fue como quedar dormido para luego despertar caminando entre túneles y pasadizos translucientes por donde se filtraba la luz del sol. Llegué a un lugar donde el túnel se ensanchaba formando una cúpula construida con enramadas. Entre la breña se podían ver varios órganos pulsando como corazones. También se observaban burbujas de consistencia mucosa, verdes y amarillentas, que fluían contorsionándose y empujadas por una fuerza desconocida para escurrirse entre las aberturas de las ramas. Pude volar hacia la cúpula y me introduje en los laberintos; eran similares a las ramas de una buganvilia o como las raíces de un manglar.”

Tomó otro sorbo de su limonada y agregó:

“Súbitamente, de entre las ramas surgió mi padre, traía un costal, me pidió que me trepara sobre sus hombros y dijo que me iba a mostrar en que consistía su trabajo; volamos hasta el sol donde recogió un puñado de luz y lo depositó en el costal. Regresamos a la tierra donde, zigzagueando como abeja que busca una flor, encontramos la mata, aterrizamos sobre una hoja, entramos a ella y el hizo entrega de la luz al órgano que pulsaba como corazón. Este órgano hizo una expresión de agradecimiento y nos invitó a pasar a su interior donde encontramos nuestra cocina y a mi madre afanosamente preparando la comida. Ella nos invitó a la mesa y sirvió un suculento platillo de rebanadas de jitomate. En ese momento escuché la verdadera voz de mi madre, quien gritaba llamándome a comer; la sopa estaba lista. Me incorporé de entre la hierba y caminé a la casa, con la molestia de quién ha sido despertado de un maravilloso sueño y quisiera uno saber cuál sería el final.”

Le pregunté si en sus clases de biología ya había estudiado el interior de las células de las plantas y la fotosíntesis. Dijo que no, que solamente había aprendido lo que son los diferentes órganos de una planta, como las hojas, los tallos, las raíces y las flores. Le dije:  ̶ sin duda soñaste el interior de una célula de la planta y en particular un órgano llamado cloroplasto, donde se lleva a cabo la absorción de la energía solar para ser utilizada en el crecimiento y desarrollo de la planta, incluyendo el proceso que rinde el fruto comestible, el delicioso jitomate que te alimentará. Al parecer El Creador también te ha concedido la facultad de contemplar con detalle cosas de la cúspide de su obra maravillosa, tales como la vida vegetal sobre la tierra.

Fui a mi biblioteca, busqué un libro de biología de nivel preparatoria y juntos lo exploramos. Me detuve en un capítulo donde se describe la fisiología de las plantas. Hice énfasis en como son los cloroplastos y le dije: ̶ estos son los órganos de las células que reciben la energía de la luz del sol, que en tu sueño es acarreada por tu padre y con clara alusión a su esfuerzo de ir a trabajar para ganar el salario que permite adquirir alimentos; después, en el interior de este órgano se lleva a cabo la conversión del bióxido de carbono de la atmósfera y el agua de la tierra en partículas alimenticias, esta vez en tu sueño, con referencia al esfuerzo de tu madre por preparar los deliciosos alimentos que consumes diariamente. Le obsequié el libro y le dije que, si volvía a tener un sueño así, tratara de entrar a este órgano en particular, pues es donde Dios, dándonos alimento, expresa una vez mas su sabiduría y su amor por nosotros. Después lo mandé a casa y dije que podía llamarme cuando quisiera, pero que procurara que sus padres o abuela no escucharan, podrían preocuparse mucho pensando que su salud mental estuviera mal. Ya somos dos que tenemos que buscar la manera de no despertar sospechas sobre nuestra salud mental, pensé.                                           

La siguiente llamada de Mauro la recibí desde la capital provincial. Él tendría como dieciséis años y había sido admitido en la Escuela Normal, quería ser maestro al igual que su padre. En la capital se había hospedado en una casa para estudiantes la cual tenía un huerto bastante grande, con limoneros, guayabos y papayas. También me contó que la cantidad de material por aprender en la escuela era abrumadora, pero encontraba inspiración para estudiar recostándose entre los árboles frutales. Agregó que la disciplina requerida para el estudio trajo otra ventaja, aprendió a lograr las vivencias con ayuda de la meditación. Entonces, a partir de esa época pudo comandar el inicio de sus trances cuando disponía de la calma suficiente; ya no ocurrirían de manera fortuita y así pudo observar lo que ocurría en los diferentes árboles frutales del huerto. Para terminar, dijo que gracias al libro de biología que le obsequié había aprendido mucho sobre las plantas y, más importante, le había ayudado a comprender sus sueños.

Tiempo después llamó diciendo que tenía un asunto de confesionario; que la dueña de la posada donde vivía tenía dos hermosas hijas. Gabriela, la mayor, con quien llevaba buena amistad, era de su edad, pero que en más de una ocasión escuchó decir a su madre que no se fuera a involucrar con el huésped, porque no se podía esperar mucho de un maestro de pueblo a quien además le gustaba flojear tirado todas las tardes en el prado. Pero Gabriela desobedeció las instrucciones y, en una ocasión en que se encontraban solos en la casa, ella le pidió que fuera a su recamara y le enseñó a besar. Agregó que, durante el éxtasis del abrazo, por un instante que pareció una eternidad, sintió pasear en su boca y descubrir que ella tenía caries en una muela. Sonreí al pensar que su talento especial podía ser inconveniente en ocasiones. Por otro lado, esta andanza amorosa fue descubierta por la hermana menor, quien denunció el ilícito y esa misma tarde se le dijo que debía buscar otra posada.

Días después llamó diciendo que en la nueva casa de hospedaje no había un jardín tan hermoso pero que tenían un perico, unos conejos, un gato, un perro y que en los muros habitaban lagartijas. Entonces, en el libro de biología que le había obsequiado, se puso a explorar temas de la fisiología de los animales y había aprendido la manera en que sus células y metabolismo eran diferentes y que, en base a este conocimiento, había ido al patio para recostarse y observar el ir y venir de las lagartijas, con la intención de quedar dormido para ver si durante el sueño lograba entrar en el cuerpo de uno de los animalitos. No pasó mucho tiempo antes de que empezara a soñar encontrarse en el torrente sanguíneo de una de ellas, para después entrar al espacio intercelular de una pata; después se introdujo en una célula que, por sus características, dedujo que sería de un músculo. Ahí pudo comprobar cuan diferentes entre sí eran las células animales y las vegetales, y se quedó maravillado de la inmensa precisión requerida para que un animalito funcionara.

Fue en esta época cuando recibí una carta de mi colega Pedro; era para informarme que había hecho contacto con un sacerdote que mostró interés en el caso de Mauro. Se trataba de un profesor de ciencias en el seminario de la ciudad capital del país. Dijo que su nombre era José María y tenía un grado universitario en física, pero que era persona muy ocupada y que debería tener paciencia antes de que él se comunicara.

Por su parte Mauro, en llamadas subsecuentes, me platicó de sus aventuras con animales superiores:  visitó células de los pulmones del perico, a las células del hígado del conejo, a las células salivares del gato y con el perro se aventuró a subir hasta el cerebro para intentar entrar a una neurona, pero despertó espantado, percibió aún no tener el permiso del Creador para explorar cerebros de animales, al parecer había un límite en lo que podía explorar sin previo conocimiento, que primero debería estudiar lo que la humanidad había logrado investigar sobre lo que ahí ocurre, pues sólo así lograría comprender lo que observara.

En esos días recibí una llamada de José María, pidió disculpa por la tardanza en responder, y pidió le comentara más sobre Mauro. Hice la mejor descripción que pude y él por su parte dijo haber estudiado física antes de entrar al seminario, pero que ahora igualmente le interesaban los temas de la biología por considerarlos la obra culminante del creador. Estuvimos de acuerdo en que en ese aspecto coincidíamos plenamente y para terminar quedamos que continuaríamos nuestras conversaciones telefónicas.

Para mi sorpresa, hubo un largo silencio de varios meses por parte de Mauro y un día llego una carta de su parte donde, entre otras cosas, me decía: “Muy apreciable Sr. Cura, disculpe no haberle llamado ni escrito antes, decidí inscribirme en la Escuela Normal Superior, para poder ser maestro de Escuela Secundaria, y eso ha requerido mucho tiempo y esfuerzo de mi parte. Son solamente dos años adicionales donde uno debe elegir un área de enseñanza, y yo elegí ciencias. Podré ser profesor de biología, química y física.” Al final de la carta incluía el teléfono de la casa de huéspedes donde se hospedaba y le llamé esa misma noche. Lo felicité afectuosamente por su decisión de ser maestro de secundaria, y le comenté mi deseo de hacer llegar su caso tan alto como fuera posible en el Vaticano. Expliqué las dificultades con que me había topado y el apoyo prometido por parte de un sacerdote de nombre José María, a quien esperaba presentarlo pronto. Sorprendido, guardó silencio por unos segundos y después dijo estar inmensamente halagado por la gran atención que estaba yo dando a sus asuntos, y que indudablemente su abuela había hecho una buena elección al buscarme como su consejero y guía espiritual.

Nos despedimos y durante el siguiente año y medio tuvimos algunas comunicaciones, pero sin mucho sobre nuestro tema, sus estudios le absorbían totalmente. Dos meses antes de su graduación me llamó con una excelente noticia: “Señor Cura, he conseguido un puesto en la escuela secundaria de mi pueblo y pronto estaré de regreso. Si desea, nuevamente podremos platicar en persona, sobre todo me interesaría que hablemos de la teoría de la evolución, un tema que es obligatorio aprender, para después poderlo enseñar en las clases de biología del tercer año de secundaria.” Dije que gustoso esperaría su regreso para poder reanudar nuestras conversaciones.

 

 

 

 

 

 

Profesor de Secundaria

Dos meses después él estaba de regreso e hicimos cita para reunirnos. Esta ocasión llego en su propio automóvil, se lo había obsequiado su padre como regalo de graduación. Seguramente esto significó un gran sacrificio, dado lo raquítico que son los salarios de los profesores de primaria. Nos saludamos afectuosamente y lo felicité dándole un abrazo por haber obtenido un puesto como maestro en su pueblo, así continuaría en contacto con sus círculos familiares y sociales. Él agregó que asi su salario rendiría más, pues seguiría viviendo con sus padres y no tendría que pagar renta.

Después fuimos a caminar por las veredas del jardín parroquial. Él inició la conversación platicando que durante los años que estuvo fuera un evento importante había ocurrido en su región; la industria turística había descubierto lo maravilloso que era el lugar; se habían edificado varios hoteles de primera calidad y había otros más en construcción. El presidente de la república había venido semanas atrás para inaugurar un flamante aeropuerto y empezó a llegar turismo internacional. Cambiando de tema, dijo que se encontraba muy ocupado preparando los cursos que por primera ocasión impartiría, pues tendría a su cargo más de noventa estudiantes en tres asignaturas de segundo y tercer grado de secundaria.

Hicimos una pausa, y mirando hacia el cielo pregunté: ¿Explícame que aprendiste sobre lo que es la evolución?  Me contestó: “La evolución es el cambio en las características heredables de las poblaciones biológicas durante generaciones sucesivas. Estas características son las expresiones de genes que se transmiten de padres a hijos durante la reproducción. Las diferentes características tienden a existir dentro de una población dada como resultado de la mutación, la recombinación genética y otras fuentes de variación genética quizá aún no conocidas. La evolución ocurre cuando procesos evolutivos como la selección natural, es decir la sobrevivencia del más apto, actúan sobre esta variación, lo que resulta en ciertas características que se vuelven más comunes dentro de una población. Es este proceso de evolución el que ha dado lugar a la biodiversidad en todos los niveles de seres vivos”. Efectivamente así ha sido y por eso estamos aquí, fue mi respuesta.

Después le pregunté: ¿Has pensado qué motivos tuvo el creador para haber decidido que así fuera la vida sobre este su planeta elegido? “He pensado mucho al respecto, pero sin llegar a una conclusión, entonces preferirá que usted me lo explique”, fue su respuesta. Le dije que el creador diseñó su obra para que fuera dinámica, con algunos grados de variación, porque de otra manera los humanos hubiéramos sido como robots, programados para hacer siempre lo mismo. Entonces diseñó la evolución para tener un catalizador, un facilitador, con las aparentes crueldades de la supervivencia del más apto entre las especies para que al final surgiera el Homo sapiens, aparentemente hace setenta mil años.

Mauro meditó mi respuesta unos momentos y dijo: “Eso fue obviamente indispensable para que surgiéramos con inteligencia, la capacidad de albergar un alma, tener una consciencia y poder ejercer el Libre Albedrío.”

¡Así es, te felicito! Veo que comprendiste con certeza y me da gusto que compartimos ideas, le dije. Nos sentamos en una banca y pedí que me comentara que más había aprendido sobre la evolución. Dijo que también había aprendido que la evolución avanza por saltos, mediante un proceso llamado teoría del equilibrio, que cuando hay extinciones causadas por catástrofes, el vacío ecológico es llenado por especies modificadas, o de plano por nuevas especies que mejor se adapten a las nuevas condiciones. Respondí que efectivamente así era, sin duda como parte de Su diseño original, otra de las variables necesarias para que a final de cuentas existiera en los humanos la capacidad de obrar o no obrar. Mauro agregó que el profesor del tema les pidió que, como examen final, escribieran un ensayo donde expusieran un caso, y que él había hecho un ensayo donde argüía que el vacío dejado por los millones de personas que fallecieron durante las últimas guerras estaba siendo llenado por seres humanos de alguna manera evolucionados y que en cierta manera eran diferentes. Como ejemplo citaba la capacidad que algunos niños y jóvenes tienen para comprender la lógica de la cibernética.

Medité por un momento y con fingido reproche le dije: Me da la impresión que te atreviste a sugerir que el Señor permitió las barbaries cometidas para darle un espacio a la evolución. Él se sonrojó al sentirse descubierto y respondió que solamente había sido un ensayo para aprobar la materia.

Sintiéndome un poco incómodo porque estábamos abordando un tema que me parecía prematuro, le dije: Nunca en la historia de la humanidad había existido tanta gente con interés y capacidad para dedicarse a la investigación; notables biólogos, físicos, químicos, astrónomos y matemáticos surgen cada día, pareciera que en tu ensayo existe algo de verdad y seré sincero, yo también me atreví a pensar cosas semejantes. En otra época tú y yo hubiéramos sido llevados a la hoguera por escribir herejías.

 Caminamos un rato en silencio y para concluir agregue: Independientemente de la situación de las guerras, pareciera que el Señor está tratando de introducir mentes capaces de lograr sus designios, pero no está satisfecho con los resultados, pues los logros de líderes de buena fe, así como los de muchos científicos, filósofos y místicos, avanzan muy lento, no son lo suficientemente rápidos para prevenir un desastre. Dijo no comprender bien y me pidió que le explicara con más detalle. Le respondí que eso lo veríamos en nuestra próxima reunión, pues debía ir a visitar a un enfermo grave.                                               

Durante nuestro siguiente encuentro, un domingo después de las misas, Mauro comentó que una vez terminadas sus labores de calificar exámenes y preparar sus cursos, iba a la playa a meditar y dejar que su mente divagara por los cuerpos de los diferentes cangrejos que por ahí pasaban. Encontró muy divertido observar sus diferentes órganos y las sutiles diferencias entre las varias especies. Respondí que eso era prueba viviente de que la evolución sigue trabajando sin descanso, para cumplir con los dictados del Creador. Después, entrando en materia con lo que quedó pendiente, le dije; tengamos en cuenta que la humanidad, en su afán de acumular riquezas, está dispuesta a aniquilarse a sí misma y además destruir al planeta; con frecuencia la ciencia bien intencionada ha sido transfigurada para utilizarse en la creación de armas biológicas, armas químicas y armas termonucleares, además de crear los dudosos organismos transgénicos. Con tono entre triste y sarcástico dijo que eso podría dejar un inmenso vacío ecológico.

Continué diciendo: Pienso que el Señor sabe que únicamente cuando haya un avance importante en la comprensión del objetivo de la vida, los humanos tendremos la humildad suficiente para estar en paz y dedicarnos a comprender su obra y a ser sus compañeros en la creación. Mauro, a manera de respuesta, preguntó: ¿Piensa usted que el Creador ha decidido que el proceso de la evolución necesita dar un rápido avance?

Dije que efectivamente, yo pensaba que era tiempo de dar un salto pues, si observamos con cuidado, durante los últimos cientos de años hubo una aparentemente lenta y fortuita creación de filósofos y científicos en diferentes partes del mundo, que tuvieron el talento para la comprensión de la vida, donde se generaron competentes participantes como Mendel, Darwin, Pasteur, Lister, Sanger, Lemetre, Watson y muchos más, lo cual no resultó suficiente dado que persistieron las guerras, culminando con las terribles matanzas de la primera y segunda guerras mundiales, además de innumerables conflictos por todos lados del mundo y la continuación del deterioro ambiental. Viendo que no hubo el resultado deseado, pareciera que El Creador cambió de estrategia, a partir de los años sesenta vino la intensificación de la enseñanza superior, con innumerables universidades ofreciendo maestrías y doctorados en muchos ramos de la ciencia y de las humanidades. Esto generó gran cantidad de científicos, pero como bien sabemos, muchos de ellos se han aliado con empresas y proyectos gubernamentales que más bien se contraponen a Sus designios, en pocas palabras, seguimos rumbo al desastre. Entonces, al parecer El Creador, mediante una combinación de estrategias evolutiva y espiritual, está poniendo en práctica alguno de sus planes emergentes.

Mostrando sorpresa Mauro preguntó que cuál sería la manera en que la evolución alcanzaría ese propósito y respondí que yo pensaba que el Señor había diseñado un linaje, un grupo de humanos con la capacidad intelectual necesaria para que el alma pudiera, de una manera intuitiva, plenamente explorar la creación y, con el ejemplo, mostrar al resto de los humanos lo que la inteligencia y la consciencia son capaces de lograr. Que no era necesario agregar que para disfrutar estas gracias concedidas a sus tan amados hijos, debíamos dejar de conducirnos al suicidio destruyendo este planeta; que debíamos convertirnos en jardineros guardianes, en lugar de invasores depredadores, y comprendernos y amarnos unos a otros.  Para cerrar dije que al parecer él era punta de lanza de esa generación.

Él se detuvo con sorpresa, volteó a mirarme y dijo que no le parecía posible, siendo que él era una persona sencilla, simple maestro de escuela secundaria e hijo de una familia de escasos recursos.  Le respondí que nada era imposible en los Diseños del Creador, que diera consideración a mis palabras y que esperaba nos reuniéramos  después que experimentara una visión. Lo acompañé hasta su automóvil y se alejó aún con expresión de gran sorpresa en su rostro.

Fue en esta época cuando José María me comentó que dentro de cuatro semanas, durante las vacaciones escolares, podría cancelar compromisos familiares y que, si lo deseábamos, podría venir a conocer a Mauro, quien también estaría de vacaciones. Los tres nos pusimos de acuerdo para la primera semana de junio y les preparé habitaciones en la casa parroquial.

 

 

 

 

 

 

 

 

Presentación Con la Alta Jerarquía

El primer día, después de las presentaciones de rigor, los reuní en mi oficina y los dejé conversar solos para que Mauro describiera sus experiencias. José María después me buscó, muy impresionado, para conversar en privado y decir que el caso ameritaba hacerlo saber al Papa, lo cual no sería fácil. Había docenas de peticiones similares en lista de espera, algunas con rezago de años, pero que si estaba yo de acuerdo intentaría promoverlo a través de sus contactos en Roma.  Dije que me parecía una excelente idea y que pidiéramos a Mauro su opinión. Regresamos a mi oficina y le informamos lo que procedería.  El se sorprendió mucho y dijo que nunca se hubiera imaginado que sus visiones fueran algo que ameritara atención tan alta, y que estaba gustoso por la alegría que sentirían sus padres. 

Hicimos una pausa para tomar un almuerzo y después Mauro dijo que tenía mucho que contarnos, asuntos que habían ocurrido recientemente. A continuación, relato de la manera más precisa posible, lo que nos dijo:

“Para descansar de mis responsabilidades académicas, iba a la playa para meditar y explorar la fisiología de los animalitos. Un día que estaba viajando dentro de un cangrejo, observando el metabolismo de sus órganos respiratorios, desperté al percibir la cercana presencia de una persona. Abrí los ojos y me encontré con un rostro que me inspeccionaba. Era una mujer, obviamente una turista de alguno de los hoteles de la cercanía; era de una belleza extraordinaria y también de llamar la atención era la frialdad en la mirada de sus ojos verdes. Me observó con desconfianza, mi estado mental apuntaba que estaba yo intoxicado. Dando un rodeo continuó su camino a lo largo de la playa; desde mi lugar me di cuenta que ella también observaba a los animalitos.”

“Intenté regresar a mi trance, pero ya no me fue posible recuperar la concentración, entonces me puse a simplemente continuar observando los crustáceos de la playa. Estaba concentrado en este asunto cuando noté una persona junto a mí; era la mujer que había regresado y se había sentado sobre la arena. Con un fuerte acento extranjero, pero con perfecto español, dijo: —Veo que tenemos cosas en común, nos gusta observar la fauna costera—.  Después se puso a decir los nombres biológicos de los que pasaban. Para un cangrejo anaranjado dijo: Grapsus grapsus, cuando pasó un cangrejo azuloso dijo: Portunus pelacicus; para un cangrejo pequeñito dijo: Pinnotheres pisum, y así sucesivamente.”

“Divertida ante mi sorpresa dijo que ella era bióloga, originaria de Alemania y que por ahora trabajaba en un laboratorio de medicamentos en los Estados Unidos. Estaba tomando vacaciones y se hospedada en un hotel cercano. Luego me preguntó de dónde venía mi interés por la biología marina. Primero le respondí que por el hecho de ser maestro. Alguna ocasión había intentado explicar mis viajes celulares a colegas y profesores, pero habían considerado que era cosa de broma y por esta razón dejé de tratar de explicar a otros. Por su parte, ella dijo llamarse Ingrid Sparre, preguntó mi nombre y se retiró.”

“Al día siguiente regresé a la playa y en esa ocasión decidí adentrarme en el hígado de un cangrejillo de nombre Pinnotheres pisum, según Ingrid había mencionado el día anterior. El animalito dejó la playa y se adentró en el mar en busca de comida.  Cuando la voz de Ingrid me llamó: -¡Mauro, Mauro!- Me tomó un buen rato en regresar desde el océano hasta mi cuerpo. Abrí los ojos para nuevamente encontrarme bajo el escudriño de su mirada de acero y me preguntó que si dormía. Le respondí que no dormía y por curiosidad de saber cuál sería su reacción empecé a explicarle lo que hacía. Ella me miró con incredulidad y sonrió. Yo continué con mis explicaciones y ella, a manera de comprobación me pidió que le describiera detalles del funcionamiento de una célula de hígado de camarón. Le di pormenores y ella me miró sorprendida. Luego me pidió que le explicara como era el proceso de generación de energía para convertir la glucosa en glicol, una forma de glucosa concentrada que se almacena en el hígado. Hice la descripción, molécula por molécula, con detalles precisos de la transferencia de electrones. Ella me miraba muy sorprendida y me pidió si pudiéramos encontrarnos al día siguiente en el mismo lugar.”

“Por la noche platiqué a la abuela lo ocurrido y ella dijo que mi bisabuelo usaba caparazón molido de los cangrejos para curar a los artríticos. -¿Acaso será que la señorita extranjera es curandera reumatóloga?- preguntó entre dientes.”

“Durante varios días me encontré con Ingrid y ella me preguntaba sobre procesos metabólicos de diferentes células de diferentes organismos y yo le explicaba con todo detalle, molécula por molécula. Al término de sus vacaciones me preguntó si sería posible que ella regresara acompañada por el director de su empresa, alguien de nombre Manfred, para que le diera una demostración de mis viajes celulares. Estuve de acuerdo y ella dijo que me llamaría para informar la fecha de su regreso, y también fue en esta época cuando recibí su llamada diciendo que el padre José María vendría dentro de cuatro semanas.”

“Tres semanas después Ingrid y Manfred llegaron a mi pueblo y se hospedaron en el Hotel Royal. Por la tarde nos reunimos en un lugar apartado de la playa y me preguntaron si había hecho viajes en células humanas. No se me había ocurrido hacerlo, entonces hicimos un plan para llevarlo a cabo, yo intentaría entrar a una célula de la piel de Ingrid.”

“Nunca había hecho un viaje por petición y me fue difícil lograrlo, durante varios días lo intentamos, pero no obtenía la concentración requerida. Cuatro días después por fin lo logré y entré a una célula de la piel de Ingrid. Luego se me pidió entrara a una célula pulmonar y finalmente a células de su sangre; en cada caso les hice una detallada descripción de las funciones particulares de cada célula y ellos volteaban a verse sorprendidos. Al día siguiente repetimos el experimento, Ingrid tenía un ligero resfriado y pensamos que era una buena oportunidad para ver el comportamiento de una célula infectada. Entré por su nariz, me metí entre los vasos capilares y me instalé entre las células de la mucosa nasal. Estas células estaban irritadas, hinchadas y temblorosas. Una de ellas aumentó en tamaño súbitamente y su membrana empezó a desgarrarse. Salieron multitud de esferas cubiertas de protuberancias, típicos virus del catarro, según había visto en el libro que me obsequió usted.”

“Rápidamente estas esferas se adhirieron a otras células, las cuales se veían obviamente molestas por la infección. Decidí entrar a una, para observar la invasión de los virus desde la parte interior. Me metí por el orificio de admisión de glucosa y me coloqué cerca del núcleo. No pasó mucho tiempo antes de que hubiera una perturbación en la membrana celular; una especie de estremecimiento.”

“Después vi cómo se formaba un domo el cual se reventaba hacia fuera. Por la abertura se lograba ver el virus que se había adherido y que rápidamente inyectó su material genético hacia el interior de la célula. Este material era una especie de serpiente enroscada, cuya cabeza era una enzima, de forma similar a una broca de taladro. Esta enzima era muy activa, rápidamente se abrió paso entre los órganos celulares, como excavadora, y logró llegar hasta la membrana del núcleo para introducirse en él. Una vez dentro del núcleo la célula quedó infectada.”

“Durante varios minutos la célula continuó con sus funciones normales, el ADN daba sus comandos para la producción de proteínas, se admitían glucosa y hormonas que regulaban las funciones, pero llegó un momento en que se suspendieron las actividades. El núcleo tomó una forma extraña y se convulsionó. En el citoplasma se empezaron a formar componentes desconocidos que se agrupaban formando precursores de nuevos virus. ¡La célula se había convertido en fábrica de sus propios invasores! Estos se concentraron en gran cantidad hasta que hicieron que la membrana se reventara. La célula había muerto y los virus se regaron en el espacio intracelular, dispuestos a invadir otras células cercanas.”

“Para ese momento, el sistema inmunológico de Ingrid ya había detectado a los invasores, gran cantidad de glóbulos blancos se presentaron para dar batalla, devorando los virus que habían sido recientemente producidos y que se desplazaban en el espacio extracelular. La mayoría fueron capturados, pero algunos lograron escapar e invadieron otras células de la mucosa nasal, pero el sistema inmune había desarrollado otra arma, algunos glóbulos blancos habían desarrollado la facultad de identificar a células de la mucosa nasal que estuvieran infectadas por virus y las destruían. Se sacrificaban unas células del cuerpo, pero de esta manera se impedía que los virus tuvieran donde replicarse. En un corto plazo el sistema inmune tomó control de la situación y el catarro de Ingrid había sido vencido.”

“Durante la batalla entre el sistema inmune y los virus yo fui lanzado de un lugar a otro. Cuando la célula en la que me encontraba alojado fue destruida quedé a la deriva entre la mucosa nasal y, aunque la batalla había sido ganada por el sistema inmune, este tejido aún estaba inflamado y sensible. Ella estornudó, fui expulsado a la atmósfera y desperté de inmediato. En cuanto me sentí recuperado hice una detallada explicación de lo que había experimentado, mientras Ingrid y Manfred apresuradamente tomaban notas.”

“Durante varios días continuamos con experimentos de entrada a órganos de ellos. Hice un viaje por los riñones, músculos e intestinos de Manfred, y por células de la sangre de Ingrid, logrando hacer una detallada explicación del funcionamiento de sus linfocitos, eritrocitos y células T. Para terminar, me pidieron explorara una neurona cerebral de Ingrid, lo cual me pareció sería muy interesante.  Me introduje por los vasos capilares que rodean al nervio olfatorio de la nariz y entré al cráneo, pero cuando intenté salir del vaso capilar para entrar a una célula neuronal me encontré con una barrera, era una barrera tanto física compuesta por tejido fibroso, como espiritual que decía ‘aquí hay un límite el cual aún no puedes rebasar, será en otra ocasión bajo circunstancias diferentes’. Regresé de mi trance y les expliqué que eso no me era permitido. Me miraron con incredulidad y, cambiando de tema, dimos por terminada la sesión.”

“Las demostraciones los convencieron de que yo estaba describiendo hechos reales; que de alguna manera tenía el talento para percibir las funciones celulares. Ingrid preguntó que si me interesaría ir a Nueva York para explorar órganos de pacientes que sufrieran enfermedades, con la finalidad de diseñar medicamentos que aseguraran una curación. Manfred agregó que si se lograban resultados positivos podría yo recibir una remuneración generosa y preguntó que si tenía yo pasaporte. Respondí que cuando estudiaba en la capital provincial, mas que nada por curiosidad, lo había adquirido y a Ingrid dije que si me interesaría ir a conocer su empresa, que iniciado el periodo de vacaciones lo haría con mucho gusto. Como nunca había viajado fuera de mi provincia y mucho menos había tomado un avión, acordamos que Ingrid vendría por mí para regresar juntos a Nueva York. Sentí temor por lo que se avecinaba y decidí consultar con mi abuela; ella se alarmó mucho y me dijo que tenía la certeza de que si me iba con ellos jamás me darían la oportunidad de regresar vivo.”

“Por otro lado, se aproximaba la fecha para esta reunión, entonces llamé a Ingrid y le dije que no iría.  Ella se contrarió mucho y me rogó que cambiara mi decisión, que yo podría ser inmensamente rico colaborando con su empresa farmacéutica.  Le respondí que iría a una reunión con mi guía espiritual y que después hablaríamos, y aquí estoy.”

José María y yo volteamos a vernos sorprendidos y le cedí la palabra. Con una sonrisa él dijo que como de costumbre, el Libre Albedrío mercantilista de los humanos trata de sacar provecho de todo lo nuevo, incluyendo los milagros y las profecías.  Después agregó que lo que más le llamaba la atención fue que a Mauro no le era posible ni permitido inspeccionar las neuronas y que sobre este tema había investigaciones recientes por parte de dos científicos de nombre Penrose y Hameroff. Ellos han propuesto que la conciencia humana está conectada con el resto del universo y que esta conexión aparentemente se origina en una estructura interna de las neuronas nombrada microtúbulos.

¿Sabes algo de esto? –preguntó a Mauro.

Él respondió que los microtúbulos eran el esqueleto interno de toda célula, incluyendo las neuronas; después se quedó pensativo, cerró los ojos por un momento y agregó: Tengo el presentimiento de que El Creador sí me permitirá explorar las neuronas del padre José María, por ser un hombre de fe y además un científico, y que tendré mas posibilidades de lograrlo si lo hacemos frente al altar.  Les dije:  Adelante, acomódense donde gusten, la iglesia está a su disposición, aquí los espero cuando hayan terminado.

Como dos horas después José María vino a mi oficina y me dijo, muy entusiasmado, que todo indicaba que algo muy importante se había logrado. Inicialmente Mauro y él se habían hincado en reclinatorios, oraron durante unos minutos pidiendo al creador les concediera lo solicitado, y después observó que Mauro entró en trance. Por su parte José María cayó en un profundo sueño donde le vinieron memorias de su infancia, así como de sus primeros aprendizajes en el seminario y, cuando despertó, se dio cuenta que Mauro estaba postrado sobre el piso, con los brazos en cruz.  Comprendió que podía retirarse, vino a buscarme y como precaución fuimos a ver si Mauro estaba bien.

Cuando llegamos frente al altar Mauro se estaba incorporando, pero como alguien que despierta de un profundo sueño. Lo ayudamos a que terminara de ponerse en pie y pidió que lo dejáramos solo para hacer oración y dar gracias por lo que acababa de experimentar. Nos fuimos al jardín y Mauro nos alcanzó como una hora después para relatar su experiencia:

Dijo que había entrado por la nariz de José María y navegando por los vasos capilares, siempre recibiendo instrucciones de por dónde dirigirse para llegar al lóbulo frontal de su cerebro, en esta ocasión no tuvo dificultad para entrar a una neurona y después anidar en uno de los muchos microtúbulos.  Que una vez ahí se le presentó el universo en su forma actual, visto como si su mente fuera un inmenso telescopio donde se pudiera observar la creación, con la capacidad de enfocar sin el mas mínimo esfuerzo en alguna de los miles de millones de galaxias, bien fuera sobre una cercana o una lejana. Que una vez en alguna de ellas podía seleccionar alguna de sus muchísimas estrellas, acercarse a ella y darse idea de cuantos planetas tenía. Que pudo acercarse a estrellas a punto de convertirse en supernovas y ver como explotaban creando los elementos que formarían futuros planetas. También pudo observar como la acumulación de polvo interestelar se agregaba para ir creando nuevos sistemas planetarios, y que muchísimos de ellos eran similares a nuestro sistema solar. En este punto percibió que debía de dar por terminado su viaje y recobrar la consciencia.

Mauro regresó a su pueblo y José María se quedó un día mas para hacer recopilación de lo que había visto y escuchado.  Me dijo que tenía la certeza de que estábamos viviendo un milagro, un hecho que podría hacer que la humanidad enderezara su curso. Después regresó a su instituto en la capital para continuar promoviendo una entrevista en el Vaticano.

Pasó más de una semana sin que recibiera noticias de Mauro y decidí llamarle, más que nada para saber si su regreso había sido sin incidentes. Contestó su madre quien dijo que Mauro, después de todo, había decidido aceptar la invitación de la señorita Ingrid y que el día anterior había partido con ella rumbo a Nueva York.

 

 

 

 

 

 

 Inicio de Interferencias

Dos semanas después Mauro llamó para describir su experiencia de este viaje:

Dijo que Ingrid, inesperadamente llegó a su puerta diciendo que había venido en el avióֶn particular de su empresa, que los miembros de la directiva estaban muy interesados en conocerlo y que hiciera maletas para salir al día siguiente. Él nunca había abordado un avión y el hecho de que se trataba de un avión particular acabaron por convencerlo.

Fueron a Nueva York donde lo hospedaron en un lujoso hotel y lo llevaron a conocer las oficinas y los laboratorios de la empresa. Pudo observar en qué consistía la alta tecnología de punta para desarrollar y fabricar medicamentos. Asimismo, además de los directores, conversó con algunos científicos de la empresa, intercambiando puntos de vista sobre lo que pudiera ser una mejor estructura molecular de un medicamento contra el Alzheimer. Él, sin conocer a fondo la ciencia requerida, pudo opinar de una manera general, pero con tal certeza que al personal de la empresa se les hacía difícil creer lo que estaban escuchando. Después de esa visita, nuevamente en el avión particular de la empresa, Ingrid y Manfred lo llevaron para un descanso a la Riviera Maya del Caribe de México y se hospedaron en el hotel mas lujoso de la zona. La habitación consistía en un pent-house de todo el nivel y con cocinera de tiempo completo. Ingrid le dijo que ese estilo de vida podría ser para él y para su familia si aceptaba colaborar con su empresa en el desarrollo de nuevos medicamentos. Su respuesta fue que quería consultar con su guía espiritual antes de tomar cualquier decisión. Se quedaron únicamente cuatro días y después, muy contrariados, lo llevaron de regreso al aeropuerto de su población. 

Percibí que la tentación de los goces mundanos era muy fuerte y podría atraparlo, entonces dije que estaba de acuerdo, que el asunto ameritaba consultoría y le ofrecí un retiro espiritual a la brevedad posible, le comenté que podría hospedarse en la casa parroquial de Santa Cecilia el tiempo que él juzgara necesario.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Temerosa Interferencia

Mauro fue a su casa y regresó tres días después con sus maletas. Cuando estaba terminando de desempacar llamó su padre para decir que poco después de haber partido su hijo, a la casa había llagado un grupo de seis hombres en dos vehículos, que se identificaron como policías federales y tenían una orden de aprehensión en su contra. Cuando se les dijo que Mauro no estaba, entraron de manera forzada y habían buscado en cada habitación y debajo de las camas.  Una vez convencidos de que no se encontraba ahí, dos de ellos se habían quedado haciendo guardia y los otros cuatro habían partido, que sospechaba sabían de Santa Cecilia y lo más probable es que iban en camino; que se fuera inmediatamente a otro lugar.

Afortunadamente en la iglesia había un buen escondite, una cava bajo el altar, que fue diseñada para esconder las cosas de valor cuando había ataque de piratas. Rápidamente lo instalé ahí junto con su equipaje y previendo que un escondite a largo plazo fuera necesario, le bajé una litera, el pan que tenía y agua.

Pensando que la presencia de dos autos era sospechosa le pedí sus llaves y llevé el suyo a casa del mecánico que está a dos cuadras; dije que era de un amigo y que regresaría para decir que reparaciones serían necesarias. Regresé a la parroquia y minutos después irrumpió el grupo de cuatro hombres, esta vez con pistolas en mano.  Cuando dije que no sabía nada de Mauro me pusieron esposas en las manos y fueron a examinar todos y cada uno de los espacios. Al no encontrar a nadie, empezaron a interrogarme con rudeza y uno de ellos me golpeó en la cabeza con su pistola. En ese momento se escuchó una fuerte algarabía que venía de la iglesia; unos feligreses habían observado la intrusión, fueron a su barrio, organizaron un grupo y acudieron a ver lo que ocurría. Cuando los policías se identificaron como agentes federales los feligreses reclamaron que la iglesia era santuario y agresivamente exigieron se me quitaran las esposas y que salieran del lugar. Temiendo ser linchados los policías cedieron, salieron de la iglesia y partieron del pueblo.

Di las gracias a todos y expliqué que escondía a alguien que era perseguido por ser hombre santo y les di mi palabra, en nombre de Dios, que no se trataba de ningún criminal.  Les pedí esperaran un momento, fui a la parte posterior del altar, bajé a la cava, dije a Mauro lo ocurrido y subimos a la iglesia donde, para mi sorpresa, fuimos recibidos con un aplauso. Para dar gracias a Dios por su divina intervención al haber enviado a los feligreses, celebré una misa, después les dije que para mayor precaución Mauro y yo partiríamos inmediatamente. Un grupo como de diez hombres se quedó para brindar protección en caso de que fuera necesario y los demás se fueron a casa.

Llamé a José María, le dije lo ocurrido y pregunté si nos podría recibir en su casa en la capital del país. Estuvo de acuerdo y si todo iba bien llegaríamos en la madrugada. Uno de los feligreses fue por el auto de Mauro y cuando estábamos subiendo las maletas timbro el teléfono. Contesté y era la voz de una mujer con acento extranjero quien se identificó como Ingrid, amiga de Mauro.  Hice señas a Mauro para que viniera a escuchar la conversación pegando su oído al auricular. Ella dijo que había llamado a la casa de Mauro donde contestó su padre, quien dijo no saber su paradero.  Entonces ella, al recordar que yo era su guía espiritual, en asistencia telefónica había conseguido el teléfono de Santa Cecilia y estaba llamando porque era extremadamente importante hablar con Mauro.

Por mi parte dije que sí era su guía espiritual, pero hacía tiempo que no sabía de él y pregunté si me podría explicar cuál era el motivo de su llamada. Hizo una pausa y dijo: “Tengo la certeza que pronto Mauro se comunicará con usted, le pido que le diga que en mi empresa descubrimos que alguien robó documentos donde, entre otras cosas, se hace un análisis sobre la reunión que tuvimos con él.  Ahí se concluye que su capacidad para explorar a los seres vivos y su intuición sobre lo que es la química y la física, claramente indican que tenemos entre nosotros a un individuo extraordinario y con la capacidad de cambiar el curso de la historia. Tenemos la certeza de que el robo de documentos fue planeado por una organización criminal cuyo objetivo es lograr el control mundial por los medios que sean necesarios, incluyendo guerra química y bacteriológica, entonces contar con alguien como Mauro entre sus elementos sería sumamente valioso. Tenemos la certeza de que intentarán convencerlo de que colabore con ellos y, si no lo hace, son capaces de lo peor”. Di las gracias por su información, dije que si sabía de Mauro se lo haría saber y nos despedimos.

Esta llamada confirma que debemos apresurarnos, le dije, y pregunté a los feligreses si sería posible organizar un convoy de protección que nos siguiera en la carretera hasta tener la certeza de que nadie nos seguía. Hubo varios voluntarios que fueron a buscar sus autos, nosotros terminamos de empacar y pronto el convoy tomó la carretera que va rumbo a la capital. Ya anochecía y después de media hora de camino hice alto y les dije que me sentía seguro para continuar solo, que por favor regresaran a sus casas.

Manejamos toda la noche, tomando turnos al volante y llegamos a las orillas de la gran ciudad por la madrugada.  Nos detuvimos en un restaurante para desayunar y desde un teléfono público llamamos a José María para que fuera por nosotros; para mi esa ciudad era totalmente desconocida. También llamamos a los padres de Mauro para informar que el estaba sano y salvo, saber cómo estaba ellos y qué había ocurrido con los dos hombres que se quedaron de guardia. Se alegraron mucho al enterarse que su hijo estaba a salvo y dijeron que regresaron los cuatro hombres que habían ido tras Mauro y después todos habían partido. Nos despedimos diciendo que llamaríamos de vez en vez, pero sin decir nuestro domicilio, en caso de que su teléfono estuviera intervenido. José María llegó media hora después y nos guió hasta su departamento donde había acondicionado la sala como nuestro dormitorio.

Tomamos un baño, dormimos hasta pasado el mediodía y por la tarde, después de comer, nos reunimos para conversar sobre lo ocurrido. Estuvimos de acuerdo que si lo dicho por Ingrid era verdad entonces los supuestos policías era más bien mercenarios contratados por el grupo criminal.  Por otro lado, si en realidad eran policías federales regresarían con refuerzos, de lo cual nos enteraríamos llamando al sacristán o alguno de los habitantes del pueblo. En caso de que Ingrid y su empresa estuvieran atrás de lo ocurrido, tarde o temprano ocurriría algo que los delataría, por ahora lo mejor sería desconectarse de ellos.  Por su parte José María dijo que nos obsequiaría teléfonos celulares, dado que para tener uno no se requería registro de nombre ni domicilio y de esa manera nos comunicaríamos de manera anónima. También dijo ya había investigado que en las cercanías de Santa Cecilia aún no había servicio celular, pero que en el pueblo de Mauro, por estar en la cercanía de un aeropuerto y por ser zona turística ya lo había; debíamos decir a sus padres que adquirieran uno.

Después Mauro pidió un espacio, pues quería orar el resto de la tarde para dar gracias a Dios que se previno lo hubieran tomado prisionero y que si no había inconveniente continuaríamos al día siguiente. Por mi parte me comuniqué con mi obispo para explicar mi ausencia; tuve que mentir y decir que estaba en la capital por razones de salud.  Si hubiera dicho la verdad hubiera pensado que estaba yo delirando.

Al siguiente día Mauro dijo que estaba percibiendo un cambio importante en sus visualizaciones, que cuando se trataba de explorar el universo desde el punto de vista de las neuronas humanas y sus correspondientes microtúbulos ya no le sería necesario hacerlo mediante otra persona, que ahora le sería posible hacerlo desde sí mismo; pero que necesitaría un espacio místico e inspirador para lograrlo, algo así como los jardines de Santa Cecilia.  José María dijo que trataría de conseguir espacio en un monasterio en las afueras de la ciudad.  Hizo algunas llamadas y por la tarde el asunto estaba resuelto; a Mauro se le daría alojamiento por dos semanas en un monasterio de frailes dominicos.

Por la mañana del siguiente dia lo fuimos a llevar, nos tomó como una hora por carretera para llegar al monasterio, situado en las orillas de una pequeña ciudad que tiene el sobrenombre de El Lugar de la Eterna Primavera por su agradable clima.  Muy amablemente nos recibió el Abad y nos mostró lo que sería la habitación de Mauro. Era común que, previa referencia, alojaran a personas que buscaran un retiro espiritual. 

José María y yo regresamos a la capital y, aprovechando mi supuesta enfermedad, permanecí en su departamento donde tuvimos largas conversaciones sobre lo que estaba ocurriendo. Tres días después recibimos llamada de los padres de Mauro diciendo que para su hijo había llegado un paquete de Ingrid. Pedimos que nos lo enviaran por mensajería, que nosotros se lo haríamos llegar. En cuanto lo recibimos fuimos al monasterio y Mauro abrió el paquete; contenía una carta explicando que en la empresa farmacéutica hubo alguna indiscreción y ya muchas personas sabían de la existencia y talentos de Mauro. Curiosamente esto despertó el interés entre muchas mujeres por conocerlo y, aún mas, por llegar a tener un hijo o hija con él. Todas eran profesionistas con altos cargos y no pedían sustento para el vástago, solo deseaban tenerlo o tenerla por la posibilidad de que heredara los talentos extraordinarios del padre. Incluidas estaban fotografías de las candidatas, todas hermosas, de diferentes etnias y edades, entre veinticinco y cuarenta años. Tampoco pedían una relación amorosa, una donación de esperma sería suficiente.  Al final una nota entre paréntesis decía que ella, Ingrid, se sumaba a la lista. Mauro sonrió y dijo: “se les olvida que la combinación de cuerpo y alma es necesaria para desarrollar un talento, por favor envíenle una respuesta a mi nombre indicándole esto”. Una tentación mas de la humanidad para tratar de desviar los Designios del Creador, pensé.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Un Explorador Independiente

Después volvimos al tema y Mauro nos describió sus recientes experiencias, que consistieron en visualizar la sintonía de su consciencia con el resto del universo. Dijo: “Al explorar e inspeccionar mi propio cuerpo ya no fue necesario navegar entre los órganos buscando la célula particular donde debía colocarme, pues me ayudó el ya saber la suficiente anatomía y simplemente pensar dónde quería estar. Entonces fui al lóbulo frontal derecho de mi cerebro y elegí la neurona más cercana, entré a ella, contemplé la perfección de su anatomía interna, me concentré en la infinidad de postes que dan sostén a su estructura, es decir en sus microtúbulos, que son como postes con un hueco al centro. ¿Correcto?”

Confirmé que su percepción era la indicada y continuó: “Decidí posicionarme en ese espacio y, al hacerlo, entré en un éxtasis aún mas profundo que me remontó al origen del universo, de manera similar a mi primer sueño cuando niño.  Al momento de la creación del Átomo Primigenio, el Big Bang, el instante de la decisión divina en que todo fue creado de la nada y donde todos los millones de millones de millones de átomos subsecuentes, que eventualmente llegarían a poblar el universo, formando galaxias, estrellas, planetas, rocas, agua, gases y eventualmente seres vivientes, incluyéndonos a ustedes y a mí, se empezaron a formar. Todos y cada uno de los átomos estando entrelazados con el inicial, así como unos con otros, porque en realidad son el mismo. Todo es parte intrínseca del genio del Creador.

Nos quedamos callados por unos momentos y después José María dijo: “Somos Su parte intrínseca y al mismo tiempo quiere que tengamos iniciativas propias, como todo buen padre que ama a sus hijos. Por otro lado, lo que describes me hace pensar en la física cuántica, particularmente en un fenómeno llamado entrelazamiento, entanglement en ingles, donde se ha observado que átomos separados grandes distancias parecieran comunicarse entre sí de manera instantánea. Sí, instantáneamente, sin mediar lo que sería el obstáculo que postula que nada puede viajar mas rápido que la velocidad de la luz.  Este fenómeno, científicamente comprobado, nos hace pensar que la teletransportación, como se ve en la serie de televisión 'Viaje a las Estrellas', es técnicamente posible”.

Por mi parte dije que, todo indicaba que el propósito del universo entero era para que en un pequeño planeta, de un sistema solar como muchos otros, se hubieran afinado las condiciones, con todos los vericuetos de la evolución incluidos, para que al final apareciéramos esos Sus amados hijos, en cierta medida irrespetuosos y aparentemente desobedientes, pero que debía haber mas detrás de todo esto. Mauro dijo estar totalmente de acuerdo y que pensaba que pronto el director de la orquesta nos lo haría saber a través de sus visiones, dado que el monasterio dominico le traía inspiración.

Al despedirnos el abad pidió a mí y a José María que pasáramos a su oficina para tratar un asunto. Dijo: “De antemano pido una disculpa por una intromisión, pero preocupado por tanto misterio alrededor de Mauro, pegué mi oído a la puerta donde estaban para escuchar la conversación y me doy cuenta que tenemos entre nosotros a un hombre santo enviado por Dios. Si me lo permiten me gustaría invitarlo a unirse a nuestra orden, de esta manera tendríamos a un excelente predicador que atraería multitudes para las misas dominicales”.

No pude disimular una sonrisa, era una intrusión mas del Libre Albedrío.  José María dijo que se lo haríamos saber a Mauro pero que más bien estábamos tratando de conseguir audiencia con el Papa, dado que pensábamos que el asunto lo ameritaba. El abad, apenado, pidió disculpa y dijo que Mauro podía quedarse el tiempo que fuera necesario.

Una vez de regreso en la ciudad, José María inmediatamente redobló sus esfuerzos para hacer llegar al Vaticano nuestra petición,  y nuevamente se encontró con el obstáculo de que había demasiadas solicitudes similares en espera. Por mi parte me vi en la necesidad de regresar a mi parroquia, no había sacerdote substituto y la congregación se quejaba por falta de pastor. José María se encargaría de visitar a Mauro y yo vendría para visitas rápidas en caso de que fuera necesario.

En Santa Cecilia se confirmó que no había regresado ningún merodeador y por lo tanto los supuestos policías federales no eran tales. Los padres de Mauro vinieron a visitarme, les comenté que su hijo estaba bien y en buenas manos con los frailes predicadores y, sin entrar en detalles porque él me lo pidió para no preocuparlos, ya que pensarían que algo andaría mal con su salud mental, les dije que Mauro necesitaba tiempo para reflexionar sobre su vida espiritual y que pensábamos que pronto podría estar de regreso, ciertamente antes de que empezara el año escolar para presentarse en su trabajo.

Unos días después recibí una llamada de José María diciendo que Mauro vendría a pasar con él la última semana antes de su regreso a casa; sus meditaciones le indicaron que debía aprender más sobre la física cuántica para poder interpretar sus visiones y quién mejor que José María para instruirlo. Esto me hizo meditar sobre el motivo por el que El Creador quiso que Mauro primero percibiera la biología e inclusive la química orgánica, y no fuera hasta muchos años después cuando surge la necesidad de comprender lo que hay detrás, es decir la física cuántica, y no a la inversa.

Concluí que la biología, aunque de cierto grado de dificultad, es más obvia para un niño; en nuestra tierna edad despertamos rodeados por la vida, empezando por la nuestra, la de nuestra madre, la de nuestro padre, hermanos, familia, alimentos y plantas de macetas y jardín. También nacemos rodeados por lo que llamamos la física clásica: la luz, la atracción gravitacional, los sonidos, el calor, el frío, la flama de la estufa, el abrigo que da la vestimenta, el calor del sol, el frío del hielo.

En cambio, la física cuántica es de reciente descubrimiento y su comprensión no es obvia, dado que es la rama de la ciencia que observa y trata de comprender el comportamiento de los componentes básicos de la materia y de la energía, esos infinitamente pequeños elementos que, para la sorpresa de todos, son extremadamente extraños y aparentemente de muy diferente naturaleza de la que se observa en los cuerpos ya constituidos por esta misma infinidad de partículas. Son cosas muy paradójicas que hubieran confundido y espantado a un niño de tierna edad.

Para empezar, en la antigüedad quién hubiera podido suponer que la materia, incluyendo aquella de la que estamos hechos, está constituida por átomos infinitamente pequeños, con sus núcleos constituidos por protones de carga eléctrica positiva y neutrones de carga eléctrica neutra y, girando alrededor con altísimas velocidades, los electrones de carga eléctrica negativa. Recuerdo que cuando en la escuela secundaria me enseñaron ese concepto pensé que estaría bien para explicar un metal, un cristal, madera o un ladrillo, pero que de ninguna manera podría aplicarse para alimentos y menos para una persona. ¡En el caso extremo otros podrían estar hechos así pero yo, jamás!  Asimismo, se me hacía difícil creer que la luz, tan acostumbrado que estaba a percibirla todos los días, pudiera estar conformada por partículas infinitamente pequeñas, fotones que no tienen cuerpo, pero sí una carga eléctrica y otra carga magnética que giran alrededor una de otra con inusitadas altas velocidades.

Llegado el día fui por Mauro a la capital; dijo sentirse bien instruido en física cuántica, sobre todo por haber estado en manos del excelente maestro que es José María. Dimos las gracias y partimos de regreso; en el camino Mauro pidió conversar sobre los deseos y anhelos de los humanos, dado que muchos de ellos solamente son posibles cuando se ejerce el Libre Albedrío. Hablamos de cómo en el cristianismo se hace énfasis en los cinco deseos fundamentales: perfecta verdad, perfecto amor, perfecta justicia, hogar perfecto y belleza perfecta; y la manera en que se contraponen con los deseos mundanos observados por los filósofos laicos, particularmente Bertrand Russell, quien hace notar los cuatro deseos que hoy en día, desafortunadamente, impulsan las actividades de un alto porcentaje de los humanos: adquisición de cuantos bienes sea posible, rivalidad que hace desear el fracaso del competidor, vanidad que induce a la presunción y el insaciable deseo del poder que puede llevar a cometer atrocidades, contra otros humanos y contra la naturaleza. Para terminar Mauro agregó que el deseo por la perfecta verdad, el principal impulsor de la ciencia, estuvo muy presente en sus meditaciones.

 

 

 

 

Revelación Interplanetaria

A medio camino, entre la capital y Santa Cecilia, hay una pequeña ciudad famosa por su hermosa iglesia colonial, construida en los años mil seiscientos con el estilo barroco hispanoamericano y dedicada a San José.  Decidimos hacer escala ahí, hospedarnos en un hotel para hacer menos cansado el viaje y conocer la iglesia.  Elegimos una modesta posada, con un restaurante donde disfrutamos de un delicioso menú casero y después fuimos a San José.  Llegamos cuando se iniciaba el rosario y nos unimos a las oraciones. Al terminar las plegarias me di cuenta de que Mauro había entrado en profunda meditación y lo dejé en sus pensamientos.  El resto de los feligreses salieron y nos quedamos solos hasta que el sacristán vino a decir muy apenado que debíamos salir, ya era hora de cerrar la iglesia.  Mauro salió de su meditación y fuimos al atrio.

La noche era tibia y serena, nos sentamos en una banca y Mauro entró en materia: dijo que durante sus últimas meditaciones, aprovechando la comunicación de las moléculas de los microtúbulos neuronales con el resto del universo, visualizó mundos de otros sistemas planetarios, algunos en la Vía Láctea, nuestra galaxia, y otros en galaxias distantes, hizo énfasis que la transportación de su consciencia era instantánea, sin mediar distancias. Eligió mundos donde presentía que ya había vida. Vida que encontró en diferentes estados de una evolución muy similar a la que se sabe ha ocurrido en nuestro planeta, lo cual corroboraba la teoría de que los fundamentos para la vida son los mismos y que esta únicamente se desarrollaría en los planetas con las condiciones necesarias, de los cuales, entre los millones de millones de millones existentes, había muchísimos millones que cumplían con los requisitos. En varios de esos mundos observó primates, pero en ninguno humanos.

Su conclusión era que El Creador desea que nosotros, sus amados hijos, vayamos a poblar ese maravilloso universo que el creó para nuestro gozo y para que esto fuera posible nos dotó de deseos fundamentales, particularmente el deseo por la verdad perfecta, para que de esa manera desarrolláramos una ciencia que nos diera las herramientas para hacerlo posible, un deseo por la belleza perfecta para que admiremos y respetemos a la creación, un deseo por el hogar perfecto para que cuidemos lo que nos otorga, un deseo por la justicia perfecta para que así como la queremos para nosotros la otorguemos a los demás y un deseo por el amor perfecto para que sepamos corresponder al que Él nos otorga a cada momento.

Hicimos una pausa para ir a caminar en la alameda que está frente a la iglesia y donde había familias paseando. En silencio observamos la interacción social: niños jugando, jóvenes coqueteando, adultos conversando. Todos ellos aparentemente sin darse cuenta de que todos y cada uno de sus pensamientos estaban conectados con el universo.  Después regresamos a la banca del atrio para retomar el tema. 

Mauro agregó que percibió la revelación que El Creador, que todo lo sabe y todo lo puede, se concedió a sí mismo una excepción necesaria: el dotar a los humanos con la libertad de tomar decisiones independientes, aunque con ciertos moderadores, tales como la implantación de un sentido de la ética y de los Cinco Deseos Fundamentales antes mencionados. Que seguramente El también pensó estos moderadores claramente nos indicarían que el mal uso del Libre Albedrio podría traer malas consecuencias. Tan malas que podrían acarrear nuestra extinción. Entonces, dada  la inteligencia que nos había concedido, no íbamos a ser tan tontos como para perdernos de la posibilidad de disfrutar de su amor infinito, dado que había creado un universo perfectamente coordinado, para que pudiéramos tener un planeta perfectamente programado donde la evolución de las especies pudiera llevarse a cabo y al final estuviéramos aquí. Y además, con el talento y capacidad para que, sin dañar al planeta, pudiéramos producir nuestros alimentos, construir nuestras habitaciones, deshacernos de nuestra basura y llevar a cabo todas las actividades que fueran de nuestro agrado. Simultáneamente deberíamos desarrollar una ciencia que nos permitiera cumplir Su deseo de llevar nuestra semilla a aquellos otros millones y millones de mundos que, conforme con su propia evolución, estuvieran listos para recibirla. ¡Para lograr que todo esto se lleve a cabo, es obvio que la concordia y armonía en la tierra son indispensables!

Dicho esto, regresamos a la posada y cuando nos preparábamos a dormir empezaron las llamadas en mi teléfono celular.  Primero llamó el padre de Mauro para decir que en su calle había vehículos sospechosos rondando, que pensaba que los seudo policías habían regresado. Acordamos que por la mañana nos volveríamos a comunicar para saber que más ocurría.  Poco después llamó el sacristán de Santa Cecilia con observaciones similares, vehículos sospechosos rondando la iglesia; no había duda, una vez mas alguien quería interferir con los talentos de Mauro. 

Tratamos de dormir, pero pasada la medianoche entró una llamada de Ingrid. Se le oía muy preocupada y dijo que a través de información que circulaba en los altos medios corporativos transnacionales se sabía de una segunda amenaza a la seguridad de Mauro; que varios poderos grupos del ramo de la biotecnología habían concluido que la información generada por sus talentos sería suficiente para impulsar tecnologías que darían ventajas sin límite a quien tuviera acceso, y que había al menos dos grupos, quizá más, que estarían tratando de raptarlo para forzarlo a que participara en sus proyectos. Y que en caso de que él se negara, simplemente lo confinarían en una prisión, quizá con todos los lujos, pero sin libertad de salir y trabajar para un competidor.

El motivo principal que los impulsaba a tomar esta medida era que, dada la alteración de la naturaleza por las actividades humanas, era inminente la transmisión de parásitos, bacterias y virus de animales hacia los humanos. Que la transmisión de virus de la familia “corona”, transmisible a través de las finas partículas exhaladas en la respiración, era la más preocupante, dado que los viajes internacionales garantizarían que viajeros infectados rápidamente dispersaran los virus a todos los confines del planeta. Después las normales mutaciones de los virus los harían particularmente difíciles de combatir. La empresa que lograra desarrollar medicamentos y vacunas para que, de una manera efectiva, se pudiera controlar una pandemia mundial, estaría en posición de controlar a la humanidad. Agregó que no le sorprendería que nuestra conversación estuviera siendo escuchada y que la tecnología celular permitiría saber dónde estuviéramos, que quitáramos la batería y ya no hiciéramos llamadas con este teléfono.

Empacamos y salimos lo más pronto posible, dirigiéndonos de regreso a la capital, pues pensamos que no habría mejor escondite que una gran ciudad. Adquirimos nuevos celulares y nos hospedamos en un modesto hotel céntrico. Después de haber dormido un buen rato, desde un teléfono público llamé al abad del monasterio, quien dijo no haber observado nada anormal en los alrededores, que estaría al pendiente y que le llamáramos nuevamente. Esperamos unos días en el hotel y cuando llegamos a la conclusión de que el monasterio sería un lugar seguro para Mauro lo instalamos ahí nuevamente, esta ocasión vestido de fraile.

Regresé a mi parroquia y di cita los padres de Mauro. Rápidamente acudieron y, lo mejor que pude, les expliqué la situación. Principalmente a su madre le resultaba difícil comprender lo que estaba ocurriendo, pero su esposo la convenció que pensara como si su hijo fuera un predicador perseguido en los inicios del cristianismo y que lo mejor por el momento era que se ocultara.

Entre otros asuntos debieron notificar su ausencia, por presunta enfermedad, al director de la escuela donde Mauro trabajaba y se prepararon para una posible larga ausencia de su hijo, confiando en que su seguridad estaría en buenas manos; comunicarse con él directamente no hubiera sido conveniente. Por otro lado, su padre sugirió, como escondite alterno, la casa de un tío que era pequeño agricultor en las montañas, no muy lejos de donde ellos viven. Dije que esa decisión quedaba en sus manos y, después de una breve consideración, llegaron a la conclusión de que permaneciera en el monasterio, lo cual resultó excelente pues ahí, además de tener rutinas de oración y tiempo para meditación, también tuvo acceso a un huerto y a una pequeña granja de gallinas y de conejos, donde pudo continuar con sus exploraciones en plantas y animales. Por otro lado, José María hizo visitas semanales al monasterio y Mauro le comentaba sus experiencias durante sus meditaciones.

Por nuestra parte, José María y yo establecimos un código de palabras para nuestras conversaciones telefónicas, en caso nuestros aparatos estuvieran interceptados. En la primera oportunidad, como dos meses después, visité a Mauro y me comentó sus vivencias recientes; esta vez un tanto difusas, pero de alguna manera relacionadas con la forma en que la humanidad debería iniciar la exploración de planetas de estrellas cercanas a nuestro sol.

Para nuestra sorpresa, poco tiempo después recibimos noticia de que la Santa Sede enviaría a una representante para conocer a Mauro. La enviada papal era una científica de ascendencia belga, profesora de química en una prestigiosa universidad católica en Bélgica, con muy buen conocimiento de nuestro idioma y cuyo nombre era Aline. José María fue a recogerla al aeropuerto y la hospedó en un hotel cercano a su casa. Yo pedí unos días de permiso para ausentarme de la parroquia y poder ir con ellos a reuniones en el monasterio. Una vez ahí Mauro y Aline conversaron en varias ocasiones a lo largo de tres días. Al final de las entrevistas ella estaba perpleja y dijo que no tenia duda que la inteligencia de Mauro era milagrosa y que sería de gran beneficio para la humanidad; que inmediatamente promovería una audiencia en Roma ante dignatarios religiosos y laicos.

Ella, enterada de las precauciones que debíamos tener para la seguridad de Mauro, dijo que fuéramos planeando una manera segura para trasladarlo al aeropuerto y abordar con el un avión a Italia. Para terminar, dijo que dadas las circunstancias tan particulares se había aceptado que ella viniera sin previamente haberse notificado y coordinado los asuntos con nuestro obispo. Al siguiente día la acompañamos al aeropuerto y regresó a Europa. Yo regresé a mi parroquia y el a su trabajo, pero unos días después recibimos citatorio para acudir a la oficina de nuestro obispo, donde fuimos regañados por haber hecho cosas a sus espaldas. Nos dijo que por ahora se nos perdonaba pero que no lo volviéramos a hacer. Después firmó un cheque para gastos de viaje, suficiente para tres boletos de avión a Roma, e indicó que iniciáramos preparativos a la brevedad posible, ya nos estaban esperando. Para terminar, dijo que podíamos disponer del tiempo necesario para este asunto, que buscaría un substituto temporal para mi parroquia, así como un profesor substituto para José María.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Intensamente Observados

Inmediatamente fuimos a una agencia de viajes para indagar sobre fechas y horarios, y así nos enteramos que el viaje mas directo sería con escala en Madrid. Ya con una idea de cómo sería el viaje regresamos al departamento donde empezamos a planear detalles, pero en ese momento alguien llamó a la puerta. Era un monje del monasterio que había sido enviado para no hacer uso del teléfono, temiendo estuviera intervenido. Venia para notificar que recientemente habían percibido ser observados por gente desde un automóvil que circulaba con frecuencia en las inmediaciones. Obviamente nuestras frecuentes llamadas telefónicas y movimientos habían sido detectados.

Inmediatamente fuimos los tres al monasterio, donde junto con el abad organizamos una estrategia para sacar a Mauro. Resultaba que un repartidor iba diariamente a entregar alimentos en una tricicleta repartidora con plataforma. El hombre, que vestía un uniforme, llegaba a la puerta, tocaba el timbre, alguien abría, el entraba a depositar el pedido tras la puerta, después regresaba a su vehículo y pedaleaba de regreso a la bodega.

Entonces compramos una tricicleta repartidora, provisiones y dos uniformes iguales al del repartidor. Después notificamos a la empresa proveedora que cierto día no enviara provisiones y en su lugar llegué yo, uniformado y pedaleando la tricicleta. Toqué el timbre, entré en tres ocasiones para colocar mi carga tras la puerta, pero al final quien regresó al vehículo repartidor fue Mauro uniformado. El pedaleó de regreso hasta la bodega de la empresa distribuidora donde José María lo subió a su automóvil y viajaron a la capital para hospedarse en un hotel de la zona del aeropuerto. Mas tarde yo tomé un autobús para el regreso y me uní al grupo. Tres días después partimos y durante nuestra escala en Madrid, desde un teléfono público, notificamos a nuestros huéspedes que íbamos en camino y llegaríamos al día siguiente.

Para nuestra sorpresa, en el aeropuerto italiano nos recibieron dos dignatarios y dos guardaespaldas, la Santa Sede no quería incidentes, y nos llevaron a un monasterio en las afueras de la capital, donde nos hospedaron en tres confortables habitaciones. Al día siguiente fuimos presentados a Fr. Jorge, quien sería el director del proyecto; el nos explicó que para iniciar se entrevistaría personalmente con Mauro y después con cada uno de nosotros y, dependiendo de los resultados, nos informaría cual sería el procedimiento por seguir.

Solamente le fueron necesario a Fr. Jorge cuatro días de entrevistas para concluir que el asunto era auténtico y que debía organizarse un comité de trabajo para determinar lo que debería hacerse. Asimismo, se nos notificó que se efectuaría una entrevista con el Papa una vez que tuviéramos un plan concreto.

Para iniciar, tuvimos una sesión completa con el equipo de trabajo conformado por: dos teólogos donde Fr. Jorge, además de ser el coordinador, estaba incluido; dos científicos donde, para nuestra agradable sorpresa, Aline y José María eran los participantes; dos personas de ciencias políticas, otros dos de relaciones internacionales y Mauro, con un papel variado que podría haber sido definido como: asesor, consultor, consejero y mediador divino. También se decidió que por ahora era conveniente que yo permaneciera en el lugar como su guía espiritual, pero sin participar en las deliberaciones. Este protocolo tan completo me convenció que Mauro estaba en buenas manos y decidí informar a sus padres donde estábamos. Ellos estuvieron gratamente sorprendidos y su madre lloró de alegría.

La primera sesión de trabajo duró dos semanas, durante las cuales Mauro tuvo una de sus visiones divinas, descrita como un recorrido, en medio de una profunda tranquilidad y concordia, desde los rincones mas infinitesimales de un átomo, pasando por las perfecciones biológicas de los seres vivos, con énfasis en el cerebro humano y hasta las galaxias y espacios interestelares mas distantes.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El Futuro de la Humanidad

El mensaje estaba claro para el equipo de trabajo: el futuro de la humanidad estaba en sus manos.  Al final de la reunión emergió el siguiente notificado a la comunidad mundial:

1- Se reitera que somos los amados hijos de Dios, creador del universo y de la tierra, que para nosotros El desea lo mejor en la vida corporal, así como en la vida después de la muerte.

2- Como constancia de su amor, nos ha hecho guardianes de su creación y, en un primer paso, estamos teniendo la oportunidad de disfrutar y cuidar este planeta. Si demostramos capacidad el premio se mostrará por si mismo; la posibilidad de llevar esta su semilla a otros confines del universo, donde igualmente deberemos disfrutar y cuidar debidamente lo que vayamos descubriendo.

3- Prueba de lo anterior son los cinco deseos fundamentales anhelados por nuestra alma desde que nacemos: el deseo por la verdad perfecta, el amor perfecto, la justicia perfecta, la belleza perfecta y el hogar perfecto. Estos nos inducen a ser dedicados exploradores de Los Designios del Creador, es decir, tenemos el deseo de saber que existe hasta en los últimos confines del universo, tanto en la inmensidad de las galaxias y los espacios intergalácticos sujetos a lo que se conoce como la Teoría de la Relatividad, así como de la microscopía y dinámica de las partículas atómicas y subatómicas sujetas a lo que se conoce como Mecánica Cuántica.

4- Paralelo a los Deseos Fundamentales, El Creador nos concedió el Libre Albedrio, es decir la capacidad de actuar o no actuar, porque nos ama y desea que podamos comportarnos de manera independiente y responsable, de la misma manera en que nosotros lo desearíamos para nuestros hijos cuando han crecido. Desafortunadamente esta concesión ha sido mal entendida y peor utilizada, para cometer toda clase de abusos en contra de la naturaleza y en contra de otros humanos, olvidando que todo y todos deben ser amados y respetados.

5- Para lograr el cumplimiento de los cinco deseos, una vez mas reconocemos y recordamos a la humanidad que la comprensión, el entendimiento y el amor de los unos a los otros, como lo indica el creador en sus mandamientos, son indispensables.

6- El Creador, para apoyarnos tal como lo ha hecho en muchas ocasiones anteriormente, nos envía a un ser extraordinario, llámese: científico, predicador, profeta, místico, o el nombre que mejor se ajuste a cada cultura. Esto para recordarnos que debemos enmendar nuestro comportamiento y actuar de tal manera que todos podamos disfrutar de sus concesiones, es decir de un planeta, un sistema solar, una galaxia y un universo perfectamente coordinados para que podamos utilizar sus recursos en nuestro goce, pero sin perturbar el balance; ni entre la naturaleza ni entre nosotros. Esta persona, con sus extraordinarios talentos, formará parte de un grupo internacional de pensadores que nos ayudarán a solventar los obstáculos que se vayan presentando en nuestro objetivo de alcanzar plena concordia y amor a Dios y a su creación.

7.  Reconocemos que la multiplicidad de culturas, uno de los resultados del Libre Albedrío, ha dado lugar a gran número de religiones, las cuales han inducido rivalidades y terribles diferencias. Entonces, con la intención de iniciar un proceso que eventualmente conduzca a la reconciliación y al entendimiento, proponemos la creación de un organismo llamado Organización de las Religiones Unidas, el cual, de manera similar a la Organización de los Naciones Unidas, deberá promover comprensión, entendimiento y tolerancia entre las diversidades actuales y futuras.

Paralelamente con la publicación del comunicado hubo discursos y recepciones papales, donde Mauro fue recibido y presentado a la humanidad. Una gran cantidad de asociaciones religiosas y de naciones aceptaron, de manera tentativa, participar en la creación de la Organización de las Religiones Unidas y se crearon grupos de trabajo para elaborar una constitución en base a los previos enunciados, lo cual tomará varios años para ponerse en práctica. Independientemente de la cantidad de discusiones y divergencias que irán surgiendo, confío que lograrán solventarlas y llegar a un acuerdo.

Una vez iniciado el proceso y viendo que Mauro ya no me necesitaba, di por terminada mi función y pedí regresar a Santa Cecilia. Mi obispo me ofreció un puesto administrativo en su oficina, pero no acepté considerando las necesidades de mis feligreses en la parroquia.

Transcurridos dos años desde nuestro primer viaje a Roma, fui invitado a regresar para un encuentro con Mauro. Durante este tiempo solamente había recibido una llamada de José María comentando que todo avanzaba bien pero que no habría mas comunicados, ni por teléfono ni por correo, para prevenir filtraciones de información sobre las deliberaciones o sobre las visiones divinas que de tiempo en tiempo Mauro tenia, ello podría generar negativas polémicas que descarrilaran el proyecto. José María fue a recogerme al aeropuerto y me llevó hasta la puerta del edificio donde ahora vivía Mauro. Era un edificio donde se recibía y hospedaba a dignatarios y por lo tanto con buen grado de vigilancia y seguridad. Ahi me dijo que me preparara para recibir agradables sorpresas y se despidió, tenía asuntos por atender. Después un guardia de seguridad me condujo hasta el departamento de Mauro; el abrió y me encontré con la primer agradable sorpresa ¡También estaba Ingrid y tenían un par de pequeños en brazos! Habían contraído matrimonio año y medio atrás y ya eran padres de un par de mellizos, niño y niña.

Unos pasos adelante estaba la siguiente sorpresa: los padres de Mauro así como los de Ingrid. Todos habíamos sido invitados para una ocasión muy especial, hasta ahora secreta por cuestiones de seguridad. La mesa estaba preparada y durante la cena me platicaron como Mauro, sintiéndose solo y nostálgico, se dio cuenta que estaba enamorado de Ingrid. Decidió contactarla y de esta manera se enteró que ella, desde poco tiempo después de conocerlo, le había correspondido en sentimientos. Hubo una rigurosa investigación por parte del equipo de seguridad y, una vez que estuvo claro que Ingrid no pudiera pertenecer a los grupos que deseaban monopolizar a Mauro, se autorizó que se llevara a cabo el primer encuentro. De ahí en adelanto lo demás fue rápido.

Después de la cena Mauro y yo pasamos a una pequeña oficina, quería ponerme al tanto sobre el desarrollo del proyecto. Me explicó que estaban trabajando en lo que sería la declaratoria de Objetivos Para el Futuro de la Humanidad; obviamente objetivos que estuvieran de acuerdo con los lineamientos y deseos de El Creador, tal como era percibido en sus visiones divinas. Entre los mas importantes estaba lo relacionado con el anhelo por la exploración de hasta los últimos rincones del Universo, con la clara intención de llegar a habitarlos.  

En una primera fase se deberían concentrar los recursos en el perfeccionamiento de la nombrada “inteligencia artificial”, recalcando que este es un nombre no apropiado, porque la emergente ciencia, al igual que todas las demás, no es mas que un derivado en apoyo de la inteligencia natural que Dios ha concedido, pero de ninguna manera es un equivalente o un substituto, pues no tiene alma. Automatización Avanzada sería un nombre mas correcto.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Conclusiones

El objetivo de este perfeccionamiento estaría dividido en dos secciones paralelas:

En la primera se implementarían robots con la capacidad de soportar largos viajes interplanetarios para ser asentados en planetas de estrellas cercanas a nuestro sistema solar, donde las exploraciones espirituales de Mauro indicaran que existiera la posibilidad de inducir una ecología similar a la nuestra. Dado el largo tiempo requerido para el transporte de la información, estos robots deberían ser diseñados de tal forma que una vez asentados en un lugar pudieran laborar con reducida interacción con sus controladores humanos. Primero en la instalación de equipo para recolectar la energía que les permitirá trabajar durante largas temporadas y después en la construcción de talleres para su mantenimiento y reparación, así como construcción de nuevo equipo, incluyendo réplicas de ellos mismos.

En la segunda, tomando en cuenta que sería extremadamente complejo y tardado diseñar paso por paso la Automatización Avanzada requerida para estos robots, se trabajaría arduamente para inventar equipo electrónico que tuviera la capacidad de capturar y almacenar elementos de la inteligencia humana que le fueran transferidos desde una persona. A su vez este equipo electrónico, con su software individualizado, podría ser instalado en los robots interplanetarios, los cuales adquirirían cierto grado de personalización y autonomía para tomar decisiones independientes. De esta manera se lograría que fuera mas eficiente su trabajo.

Esta segunda etapa generaría grandes incógnitas por resolver:

- ¿Se podría transferir inteligencia de una persona sin dañar su cerebro?

- ¿Tal vez solamente sería correcto transferir inteligencias de personas que estuvieran por fallecer?

Si fuera el caso: - ¿Que ocurriría con el cuerpo y el alma del “donador”?

- ¿Un cerebro electrónico llegaría a tener o no la capacidad de albergar el alma?

En caso de ser posible: -¿Sería ético y deseable instaurarlo?

- ¿Sería posible la réplica de consciencias? Si esto llegara a ocurrir - ¿Qué conflictos éticos, morales y religiosos surgirían?

En una tercera etapa, independiente de las anteriores donde únicamente se contempla exploración de sistemas solares próximos, se examinaría la posibilidad de la teletransportación intergaláctica, en base a postulados de la teoría cuántica conocidos como “El Entrelazamiento” (Entanglement) donde se establece que los elementos de la materia, bien sea de objetos inanimados o de seres vivientes, no están hechos de partículas independientes, mas bien son parte de un todo inseparable; un constituyente no puede describirse sin tener en cuenta el otro o los otros, bien sea que el otro o los otros estén aquí o en la galaxia mas remota. Dicho en otras palabras, la teletransportación es posible, tal como se ve en el programa Viaje a las Estrellas (Star Trek).

Esto es: ¡¡¡La ciencia secular describiendo a Dios y a nuestra autorización para habitar Su universo!!!

Este aspecto traería cuestionamientos aun mayores respecto al posible o no posible seguimiento del alma a donde fuera el cuerpo, lo cual nosotros veíamos como consecuencia natural, ya que la esencia para cada alma siempre ha existido, desde el momento de la creación, en todos los rincones del universo. El cuerpo al que corresponde es simplemente una especie de ancla temporalmente asignada, una antena emisora y receptora desde donde se comunica con todos los confines del universo.

Para terminar, especulamos como deberían ser los planetas con una ecología ya ajustada para recibir humanos: Sabiendo que producción de energía a partir del carbono, e inclusive la hidroeléctrica, son nocivas para el medio ambiente, entonces se deberían concentrar los esfuerzos en capturar la energía emanada de las estrellas cercanas. Esta energía se utilizaría primeramente en la operación del equipo agrícola que sembraría y cosecharía los alimentos. Después en la construcción de nuestros hogares, en manufactura de enseres y equipo, en transporte local e interplanetario, para la comunicación local e interplanetaria, una porción en la educación, la necesaria para disfrutar el tiempo libre y, muy importante; para demostrar nuestro agradecimiento al Creador con la construcción de centros ceremoniales, para meditación y oración individuales y colectivos.

Dimos por terminada nuestra conversación y me llevaron a mi departamento. Yo sufría del agotamiento causado por los cambios de horario, pero aun así no podía dormir pensando en todo lo ocurrido.

Días después tuvimos del bautizo de los pequeños; esto fue en una hermosa capilla local decorada con impresionantes frescos de uno de los mas famosos pintores del Renacimiento, incluyendo varias alusivas a la creación y a la concesión del alma a los humanos. Todo muy de acuerdo con el tema de las nuevas vidas que se estaban iniciando.

Ahora me encuentro de regreso en mi parroquia contento y agradecido por haber tenido la oportunidad de participar en un evento que sin duda traerá grandes beneficios para la humanidad. Por otro lado, tengo que pensar cómo explicar a mis feligreses el motivo de mi ausencia y lo que está ocurriendo en el Vaticano.

 

 

 


Comentarios