Disponible en Amazon.com la Versión en Español de mi Novela Corta "Entre los Designios del Creador"
José Paulino Lozada, PEng, MSc
Estimados Lectores y Lectoras:
Estudié ingeniería y ciencias en México y en Canadá. Después de ejercer como profesor de ingenieria y como ingeniero durante muchos años en ambos países, descubrí tener un segundo talento, la literatura. Entonces me sentí llamado para amalgamar la ciencia y la tecnología con la escritura de ficción. Inicialment escribí narrativas de ciencia ficción, pero finalmente encontre mi verdadera pasion; la Ficción Mistica.
A continuación comparto mi primer obra en este género, espero sea de su agrado.
(En caso fuera de su interes adquirir el libro impreso, o la versión digital, estan disponibles en: Entre los Designios del Creador en Amazon)
ENTRE LOS
DESIGNIOS
DEL CREADOR
Novela Corta
José Paulino
Lozada
ENTRE LOS DESIGNIOS DEL CREADOR
©José Paulino Lozada, 2022
Todos los derechos reservados.
Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de la cubierta, puede ser
reproducida, almacenada o transmitida en manera alguna
ni por ningún medio, sin permiso
previo del autor.
ISBN eBook: 978-1-988894-10-2
ISBN Printed book: 978-1-988894-11-9
Contacto: reception@fidesetscientia.org
Descripción del
libro
El sacerdote católico de una
tranquila población costera se pregunta el motivo por el que Dios permite a los
humanos la libertad de tomar decisiones, buenas o malas, por cuenta propia. Es
decir, la concesión conocida como El Libre Albedrío. Inesperadamente surge de
entre los feligreses un niño con inusitada capacidad para comprender la
ciencia. Con los conocimientos de teología de uno y el talento especial del
otro, hacen equipo para explorar los designios del Creador y, a pesar de malignas
interferencias provenientes de diferentes fuentes, logran comunicar al mundo
sus conclusiones: la humanidad debe tomar un derrotero con prioridades muy
diferentes; las recompensas que nos esperan, en vida y mas allá, son de la
magnitud del universo.
Acerca del Autor
José Paulino Lozada estudió
ingeniería y ciencias en México y en Canadá. Después de ejercer como ingeniero
durante muchos años en ambos países, descubrió tener un segundo talento, la
literatura. Entonces se sintió llamado para amalgamar la ciencia y la
tecnología con la escritura de ficción, y que mejor que la Ficción Mística.
Dedicatoria
A mis padres, a mis hermanas y hermano quienes, con su amor y abnegación, hicieron posible mi crianza y educación.
INDICE
Un Niño Soñador
………………………..…………..… 5
Sueños
de Adolescente …………………….……….…. 11
Profesor de Secundaria …………………………….… 19
Presentación Con la Alta Jerarquía ………...…..….... 25
Inicio de Interferencias …………………….…..…..… 34
Temerosa Interferencia ……………………….…...…. 36
Un Explorador Independiente ……………….…..…..
42
Revelación Interplanetaria …………………….…….
47
Intensamente Observados ……………………….….. 54
El Futuro de la Humanidad ……………….…….…..
57
Conclusiones …………………………………...…….. 62
Un Niño Soñador
Una señora de un pueblo cercano
vino a buscarme a la parroquia porque su nieto, un niño de diez años, había
tenido sueños extraños y ella temía que pudiera ser obra del demonio. Dijo que
acudían a mi, en lugar de ir con el párroco de su pueblo, porque yo tenía fama
de ser un sacerdote sabio. Les di cita para el siguiente día y acudieron por la
tarde. El niño, de nombre Mauro, era vivaz y en su rostro tenía una expresión
de plena confianza.
Los atendí en mi oficina y
pregunté al joven qué era lo que había soñado: él dijo haberse visto sentado
sobre la enorme mano de un ser amable, y que a su alrededor se iniciaba una gran
explosión de luz blanca; que la luz era muy intensa pero no lastimaba y que,
poco después, la luz más bien era una infinidad de puntos brillantes que se
esparcían a partir de lo que fuera el inicio, como cuando se encienden los
fuegos artificiales en el pueblo.
Esta descripción me pareció una
clara alusión al Átomo Primigenio, el Big Bang, el momento de la creación de
este nuestro universo, donde inicialmente tuvimos solamente energía y, poco
después, esta se convirtió en las partículas precursoras que formarían los
átomos de hidrógeno, los cuales a su vez crearían las estrellas, galaxias,
nubes cósmicas y el resto de la materia del Universo, la cual, a su debido
tiempo, formaría nuestro planeta donde se encontrarían las substancias
requeridas para los organismos vivos, incluyendo aquellas para nuestros
cuerpos.
Lo miré sorprendido y con
incredulidad, pensando cuál sería la razón por la que un niño pudiera hablar
del Principio del Universo en forma similar a la descrita mediante la física
moderna, dando entrada a la posibilidad de que alguien lo hubiera instruido
para contar tal historia o de que, en realidad, hubiera sido un sueño.
Mauro, a manera de comprobar que
estaba diciendo la verdad, decidió continuar con su relato. Agregó que entre la
infinidad de puntos blancos, había otros aún más brillantes y que, al poner
atención, observó que los que iban delante representaban a sus hermanos y primos
mayores, un poco más adelante iban sus padres, sus tíos y tías, sus abuelos y
abuelas y que, aunque no los había conocido, podía saber que los que iban al
frente en la distancia representaban a todos sus antepasados, los cuales
parecían fundirse en un distante punto común. Hizo una pausa, me miró con
atención para saber el impacto que sus palabras estaban teniendo y continuó
diciendo que: volteando hacia atrás veía una neblina suavemente iluminada. y
que comprendía que se trataba de su descendencia. Me quedó claro que de alguna
manera sabía que tendría hijos e hijas, nietos y nietas, bisnietos y bisnietas.
En este punto el niño hizo una
pausa y volteó a ver a su asombrada abuela, obviamente había detalles que ella
no sabía porque no se los había mencionado. Mauro se acomodó en su silla y dijo
que hacia adelante se podía ver que había un origen común en los puntos; clara
alusión a los ancestros comunes, los primeros humanos que recibieron un alma.
Para terminar dijo que hacia atrás la neblina se expandía como en un abanico y
que después disminuía la intensidad hasta volverse imperceptible.
Sorprendido ante al privilegio de
tener la oportunidad de estar en contacto con un ser extraordinario, dije a la
abuela y al pequeño que el sueño era algo celestial y para nada demoníaco.
Después, eligiendo simples palabras, expliqué que se trataba del momento de la
creación, cuando Dios decidió crear el universo con todas sus estrellas, las
cuales estaban representadas por los primeros puntos blancos y que, ciertamente
en su sueño, también había percibido la creación de la esencia para las almas
de los humanos que habitarían el planeta tierra. De esta forma los puntos
blancos mas notorios representaban a sus ya fallecidos ancestros y que la
neblina representaba a su aún por definirse descendencia.
Para la difícil cuestión del
desvanecimiento de la neblina hacia el futuro, dije que era normal que el
futuro se viera borroso, ya que nadie sabía con certeza qué era lo que El
Creador nos tendría preparado. Para terminar, los invité a regresar en
cualquier momento que tuvieran dudas y, caminando entre los limoneros del
jardín, los acompañé hasta la puerta del atrio.
Después fui a la iglesia para
postrarme ante el altar y, en oración, preguntarle al Creador si era posible la
existencia de un ser que, desde tierna edad, tuviera la capacidad de percibir
cómo fue el principio de su obra que, como sabemos, Dios siendo un ser todo
poderoso y que todo lo sabe, decidió crear este universo a partir de la nada
para que, entre otras cosas, a final de cuenta existiera este planeta. Pero me
pregunto si acaso habría creado antes otros universos donde todo estaba bajo su
control, siempre sabiendo que ocurriría, lo cual obviamente resultaba aburrido.
En esta ocasión, para que hubiera
un cambio donde los asuntos fueran más interesantes, decidió que la cúspide
sería una especie donde los individuos, como todo lo demás, estarían integrados
a la naturaleza, tendrían un grado de semejanza con El Creador, así como el
comando de seguir lineamientos preestablecidos; pero adicionalmente estos seres
estarían dotados de inteligencia ligada a una consciencia inmortal integrada al
resto del universo, es decir un alma, y la capacidad de tomar decisiones por sí
mismos. Estas características obviamente son las que desearíamos para un hijo o
una hija a quien amaríamos profundamente. No hay la menor duda, somos los
amados hijos e hijas de Dios.
Asimismo, Mauro parecía saber respuestas a
preguntas que, desde mis épocas de seminarista, me había yo hecho: ¿En qué
momento fueron creadas las almas eternas que habitan, han habitado y habitarán
los cuerpos de los humanos? Yo he pensado que tomó la decisión de crear una
esencia desde el comienzo del universo mismo, simultáneamente con la materia y
las energías físicas generadas durante el Átomo Primigenio. Posteriormente, al
momento de la concepción, tomando una porción de esa esencia, el creador
amorosamente moderaría un alma personal para cada individuo que naciera.
Inicialmente serian unas almas infantiles e inocentes, pero conteniendo ciertos
principios éticos y morales fundamentales. Durante la gestación y después del nacimiento,
estas almas, manteniendo contacto con la esencia del universo, se irían
ajustando mediante una combinación de factores biológicos, educacionales,
sociales y ambientales. En medio de este torbellino de factores cada individuo
iría descubriendo estar dotado del Libre Albedrío y de poder ejercerlo con sus
debidas restricciones.
¿Cuándo fue el inicio de este
ciclo? En círculos científicos así como en teológicos, varios autores están
llegando a la conclusión de que los cuerpos con la capacidad de albergar un
alma, la cúspide del ingenio del Creador, fueron configurados hace aproximadamente
setenta mil años.
El conversar con el pequeño me
hizo recordar la época en que decidí dedicarme al sacerdocio; la opción ya la
había contemplado desde tiempo atrás, pero fue durante una plácida noche,
cuando mis padres ya estaban durmiendo y yo, con veintiún años y estudiante del
octavo semestre de la Licenciatura en Biología, me había salido a fumar al
patio, pues no quería que mis padres supieran que lo hacía. Había una hermosa
luna llena y en el radio de onda corta que teníamos, escuchaba las noticias de
Radio Vaticano. Se habló de los misioneros que atendían iglesias de diferentes
partes del mundo donde había conflicto y la manera en que llevaban consuelo
espiritual a los habitantes de esas regiones. A la mañana siguiente comuniqué a
mis padres mi decisión de dedicarme al sacerdocio. Para mi madre no fue
sorpresa, pero sí lo fue para mi padre quien, con la esperanza de que yo
cambiara de idea, puso una condición; debería yo primero terminar mis estudios
y graduarme formalmente.
Cumplí con la condición de mi
padre, primero obtuve mi grado como biólogo y dos años después estaba inscrito
en un programa de formación sacerdotal. Fue un largo camino y antes de cumplir
los veintiocho años estaba yo recibiendo mis votos sacerdotales. Durante un
tiempo ejercí en parroquias de mi país de origen, pero siempre teniendo en
mente ser trasladado a una zona de conflicto donde pudiera llevar fe, esperanza
y caridad a los más necesitados. Cuando se desató la guerra en Centroamérica
solicité ser trasladado ahí, y efectivamente, tuve la oportunidad de brindar
consuelo a los inocentes afectados por la brutal violencia ejercida por los
diferentes bandos. Pero, después de varios años de estarme preocupando si el
Creador había hecho lo correcto al concedernos el Libre Albedrío y la capacidad
de cometer brutalidades, llegó un momento en que mi cuerpo no pudo más y me vi
afectado por una profunda depresión. Pedí regresar a mi país, donde se me asignó
atender esta parroquia de Santa Cecilia, localizada sobre un acantilado y con
vistas al mar, en una pacifica población costera. Esta decisión fue tomada en
parte porque mis superiores juzgaron que yo había quedado emocionalmente
traumatizado, y que sería mejor que atendiera una parroquia de un pueblo
pequeño y sin complicaciones.
Aquí he tenido la oportunidad de
reflexionar y escribir mis pensamientos sobre el amor y la misericordia
infinita que El Creador tiene por sus amados hijos. Y, precisamente en estos
momentos, Dios me envía a un joven que pareciera ser uno de sus emisarios,
llámese profeta, científico, místico, genio, o lo que sea; combinación de
cuerpo y alma, que Él, de vez en vez decide que pongan pie en la tierra para
tratar de enderezar lo que ande mal. El motivo, pienso, es que los humanos con
su capacidad de tomar decisiones propias tienen la fuerte tendencia de
desviarse del propósito de su existencia. Estos emisarios son pocos y muy
esparcidos en tiempo y lugar; lo cual no puede ser de otra manera, pues al
igual que los milagros curativos, ejercerlos en exceso alteraría las leyes
físicas que rigen el cosmos.
Por otro lado, en algún momento
de mis reflexiones decidí que el asunto de Mauro ameritaba ser comunicado con
mi superior, el obispo local, y le escribí una carta. En cierta manera ocurrió
lo esperado; él me consideraba mentalmente inestable, seguramente pensó que se
trataba de exageraciones sin fundamento y jamás envió respuesta.
Mientras tanto yo me mantenía en
contacto por correo con la abuela de Mauro. Durante largo tiempo ella me
informó sobre los impresionantes logros académicos del niño y la manera en que
sus padres y maestros se sorprendían por su capacidad de aprender, pero por
algún motivo sus sueños celestiales se habían interrumpido.
Sueños de
Adolescente
Mauro, para mi sorpresa, tiempo
después, cuando tendría como catorce años, se presentó solo en la parroquia;
cursaba el segundo grado de la escuela secundaria y con pretexto de tener que
hacer un trabajo escolar había tomado el autobús para venir a mi pueblo. Dijo
haber tenido otro sueño aún mas extraño y que no lo había comentado ni a sus
padres ni a su abuela para no preocuparlos. Yo no tenía compromiso y pude
atenderlo inmediatamente; me dijo que gracias a las clases de biología que
había tomado recientemente le había sido posible entender este último sueño. Dijo
que nuevamente había sentido estar sentado sobre la mano del ser amable, pero
esta ocasión viajando entre galaxias y estrellas, y que en un momento dado pudo
vislumbrar al planeta tierra, al cual rápidamente se acercaron, con la
intención de dirigirse a su pueblo. Ahí entraron a su casa, donde su atención
se concentró sobre una célula colocada en el vientre de su madre, que supo era
su embrión unicelular, el ovulo siendo fecundado por el espermatozoide de su
padre y, por lo tanto, listo para alojar a su alma. Pero que, más extraño aún,
simultáneamente sentía ser ese embrión, el cual gustosamente invitaba al alma a
depositarse en su interior, extendiendo una protuberancia de su membrana
celular.
Al mismo tiempo, la mano donde su
alma reposaba y que era una mano derecha, extendía su dedo índice. Después
despertó espantado y decidió debía venir a verme inmediatamente. Mi respuesta
fue que debía dar gracias a Dios por haberle concedido saber cómo fue el
momento en que se convirtió en persona de cuerpo y alma, pues la mayoría de
nosotros nunca lo hemos percibido y solamente sabemos que existimos cuando
tenemos dos o tres años. Después le di el número de nuestro recientemente
instalado teléfono y le dije que podía llamarme o venir a verme cuantas veces
juzgara que fuera necesario y lo mandé a casa.
Este nuevo sueño ameritaba
difusión, pensé que confirmaba que teníamos entre nosotros a un ser
extraordinario, elegido por El Creador dado que desea transmitirnos un mensaje.
Teniendo la certeza de que mi obispo me iba a ignorar nuevamente, decidí romper
mis votos de obediencia y dirigirme a un colega sacerdote de nombre Pedro,
quien estaba comisionado en una iglesia de la capital del país. Pensé que él
podría contactarme con alguna autoridad eclesiástica dispuesta a escuchar mi
historia. Respondió diciendo que exploraría posibilidades, aunque era riesgoso
para él, pues como cómplice mío también desobedecía el reglamento.
Transcurrió un año antes que
volviera a saber de Mauro, me llamó para comentar que había tenido un sueño muy
diferente. Hicimos cita para el sábado por la mañana y esta ocasión nos
reunimos en la capilla de la parroquia. Me relató lo siguiente:
“Hace varios días, al regresar a
casa por la tarde, dejé mi mochila en la sala y fui al jardín, donde tenemos
una hortaliza. Me recosté sobre la hierba, el lugar que me gusta en los
momentos de aburrimiento y me puse a relacionar mi sueño anterior, cuando
estaba sentado sobre la mano de un ser amable, con la imagen de una tarjeta
postal que me obsequió el cura de mi pueblo y que había adquirido una ocasión
que hizo un viaje a Roma. Es la reproducción de una pintura que está en una
iglesia y que fue creada por un gran pintor de nombre Miguel Ángel. Esta obra
representa el momento en que Dios concede la vida al primer hombre sobre la
tierra. En medio de mis pensamientos miraba el dedo índice de mi mano
izquierda, al igual que Adán, pensando que alguien lo había tocado cuando
estaba en mi estado unicelular, para después hacer entrega de mi alma, como
quien deja caer una perla dentro de un joyero.”
En este punto Mauro hizo una
pausa y me pidió agua; estaba profundamente emocionado. Fui a la cocina y le
traje un vaso de limonada. Bebió la
mitad y continuó:
“Después miré a mi derecha y
observé la hoja de una mata de jitomate, mi madre tiene una buena cantidad de
ellas en su hortaliza. Al contemplarla me distraje de mi pensamiento anterior y
me pregunté el motivo de la naturaleza para expresarse en el color verde. Este
pensamiento me hizo experimentar una sensación de infinita tranquilidad y
después fue como quedar dormido para luego despertar caminando entre túneles y
pasadizos translucientes por donde se filtraba la luz del sol. Llegué a un
lugar donde el túnel se ensanchaba formando una cúpula construida con
enramadas. Entre la breña se podían ver varios órganos pulsando como corazones.
También se observaban burbujas de consistencia mucosa, verdes y amarillentas,
que fluían contorsionándose y empujadas por una fuerza desconocida para
escurrirse entre las aberturas de las ramas. Pude volar hacia la cúpula y me
introduje en los laberintos; eran similares a las ramas de una buganvilia o
como las raíces de un manglar.”
Tomó otro sorbo de su limonada y
agregó:
“Súbitamente, de entre las ramas
surgió mi padre, traía un costal, me pidió que me trepara sobre sus hombros y
dijo que me iba a mostrar en que consistía su trabajo; volamos hasta el sol
donde recogió un puñado de luz y lo depositó en el costal. Regresamos a la tierra
donde, zigzagueando como abeja que busca una flor, encontramos la mata,
aterrizamos sobre una hoja, entramos a ella y el hizo entrega de la luz al
órgano que pulsaba como corazón. Este órgano hizo una expresión de
agradecimiento y nos invitó a pasar a su interior donde encontramos nuestra
cocina y a mi madre afanosamente preparando la comida. Ella nos invitó a la
mesa y sirvió un suculento platillo de rebanadas de jitomate. En ese momento
escuché la verdadera voz de mi madre, quien gritaba llamándome a comer; la sopa
estaba lista. Me incorporé de entre la hierba y caminé a la casa, con la
molestia de quién ha sido despertado de un maravilloso sueño y quisiera uno
saber cuál sería el final.”
Le pregunté si en sus
clases de biología ya había estudiado el interior de las células de las plantas
y la fotosíntesis. Dijo que no, que solamente había aprendido lo que son los
diferentes órganos de una planta, como las hojas, los tallos, las raíces y las
flores. Le dije: ̶ sin duda
soñaste el interior de una célula de la planta y en particular un órgano
llamado cloroplasto, donde se lleva a cabo la absorción de la energía solar
para ser utilizada en el crecimiento y desarrollo de la planta, incluyendo el
proceso que rinde el fruto comestible, el delicioso jitomate que te alimentará.
Al parecer El Creador también te ha concedido la facultad de contemplar con
detalle cosas de la cúspide de su obra maravillosa, tales como la vida vegetal sobre
la tierra.
Fui a mi biblioteca, busqué un libro de biología
de nivel preparatoria y juntos lo exploramos. Me detuve en un capítulo donde se
describe la fisiología de las plantas. Hice énfasis en como son los
cloroplastos y le dije: ̶ estos son los órganos de las células que reciben la
energía de la luz del sol, que en tu sueño es acarreada por tu padre y con
clara alusión a su esfuerzo de ir a trabajar para ganar el salario que permite
adquirir alimentos; después, en el interior de este órgano se lleva a cabo la
conversión del bióxido de carbono de la atmósfera y el agua de la tierra en
partículas alimenticias, esta vez en tu sueño, con referencia al esfuerzo de tu
madre por preparar los deliciosos alimentos que consumes diariamente. Le
obsequié el libro y le dije que, si volvía a tener un sueño así, tratara de
entrar a este órgano en particular, pues es donde Dios, dándonos alimento,
expresa una vez mas su sabiduría y su amor por nosotros. Después lo mandé a
casa y dije que podía llamarme cuando quisiera, pero que procurara que sus
padres o abuela no escucharan, podrían preocuparse mucho pensando que su salud
mental estuviera mal. Ya somos dos que tenemos que buscar la manera de no
despertar sospechas sobre nuestra salud mental, pensé.
La siguiente llamada de
Mauro la recibí desde la capital provincial. Él tendría como dieciséis años y
había sido admitido en la Escuela Normal, quería ser maestro al igual que su
padre. En la capital se había hospedado en una casa para estudiantes la cual
tenía un huerto bastante grande, con limoneros, guayabos y papayas. También me
contó que la cantidad de material por aprender en la escuela era abrumadora,
pero encontraba inspiración para estudiar recostándose entre los árboles
frutales. Agregó que la disciplina requerida para el estudio trajo otra
ventaja, aprendió a lograr las vivencias con ayuda de la meditación. Entonces,
a partir de esa época pudo comandar el inicio de sus trances cuando disponía de
la calma suficiente; ya no ocurrirían de manera fortuita y así pudo observar lo
que ocurría en los diferentes árboles frutales del huerto. Para terminar, dijo
que gracias al libro de biología que le obsequié había aprendido mucho sobre
las plantas y, más importante, le había ayudado a comprender sus sueños.
Tiempo después llamó
diciendo que tenía un asunto de confesionario; que la dueña de la posada donde
vivía tenía dos hermosas hijas. Gabriela, la mayor, con quien llevaba buena
amistad, era de su edad, pero que en más de una ocasión escuchó decir a su
madre que no se fuera a involucrar con el huésped, porque no se podía esperar
mucho de un maestro de pueblo a quien además le gustaba flojear tirado todas
las tardes en el prado. Pero Gabriela desobedeció las instrucciones y, en una
ocasión en que se encontraban solos en la casa, ella le pidió que fuera a su
recamara y le enseñó a besar. Agregó que, durante el éxtasis del abrazo, por un
instante que pareció una eternidad, sintió pasear en su boca y descubrir que
ella tenía caries en una muela. Sonreí al pensar que su talento especial podía
ser inconveniente en ocasiones. Por otro lado, esta andanza amorosa fue
descubierta por la hermana menor, quien denunció el ilícito y esa misma tarde
se le dijo que debía buscar otra posada.
Días después llamó diciendo que
en la nueva casa de hospedaje no había un jardín tan hermoso pero que tenían un
perico, unos conejos, un gato, un perro y que en los muros habitaban
lagartijas. Entonces, en el libro de biología que le había obsequiado, se puso
a explorar temas de la fisiología de los animales y había aprendido la manera
en que sus células y metabolismo eran diferentes y que, en base a este
conocimiento, había ido al patio para recostarse y observar el ir y venir de
las lagartijas, con la intención de quedar dormido para ver si durante el sueño
lograba entrar en el cuerpo de uno de los animalitos. No pasó mucho tiempo
antes de que empezara a soñar encontrarse en el torrente sanguíneo de una de
ellas, para después entrar al espacio intercelular de una pata; después se
introdujo en una célula que, por sus características, dedujo que sería de un
músculo. Ahí pudo comprobar cuan diferentes entre sí eran las células animales
y las vegetales, y se quedó maravillado de la inmensa precisión requerida para
que un animalito funcionara.
Fue en esta época cuando recibí
una carta de mi colega Pedro; era para informarme que había hecho contacto con
un sacerdote que mostró interés en el caso de Mauro. Se trataba de un profesor
de ciencias en el seminario de la ciudad capital del país. Dijo que su nombre
era José María y tenía un grado universitario en física, pero que era persona
muy ocupada y que debería tener paciencia antes de que él se comunicara.
Por su parte Mauro, en llamadas
subsecuentes, me platicó de sus aventuras con animales superiores: visitó células de los pulmones del perico, a
las células del hígado del conejo, a las células salivares del gato y con el
perro se aventuró a subir hasta el cerebro para intentar entrar a una neurona,
pero despertó espantado, percibió aún no tener el permiso del Creador para
explorar cerebros de animales, al parecer había un límite en lo que podía
explorar sin previo conocimiento, que primero debería estudiar lo que la
humanidad había logrado investigar sobre lo que ahí ocurre, pues sólo así
lograría comprender lo que observara.
En esos días recibí una llamada
de José María, pidió disculpa por la tardanza en responder, y pidió le
comentara más sobre Mauro. Hice la mejor descripción que pude y él por su parte
dijo haber estudiado física antes de entrar al seminario, pero que ahora igualmente
le interesaban los temas de la biología por considerarlos la obra culminante
del creador. Estuvimos de acuerdo en que en ese aspecto coincidíamos plenamente
y para terminar quedamos que continuaríamos nuestras conversaciones telefónicas.
Para mi sorpresa, hubo un largo
silencio de varios meses por parte de Mauro y un día llego una carta de su
parte donde, entre otras cosas, me decía: “Muy apreciable Sr. Cura, disculpe no
haberle llamado ni escrito antes, decidí inscribirme en la Escuela Normal
Superior, para poder ser maestro de Escuela Secundaria, y eso ha requerido
mucho tiempo y esfuerzo de mi parte. Son solamente dos años adicionales donde
uno debe elegir un área de enseñanza, y yo elegí ciencias. Podré ser profesor
de biología, química y física.” Al final de la carta incluía el teléfono de la
casa de huéspedes donde se hospedaba y le llamé esa misma noche. Lo felicité
afectuosamente por su decisión de ser maestro de secundaria, y le comenté mi deseo
de hacer llegar su caso tan alto como fuera posible en el Vaticano. Expliqué
las dificultades con que me había topado y el apoyo prometido por parte de un
sacerdote de nombre José María, a quien esperaba presentarlo pronto.
Sorprendido, guardó silencio por unos segundos y después dijo estar
inmensamente halagado por la gran atención que estaba yo dando a sus asuntos, y
que indudablemente su abuela había hecho una buena elección al buscarme como su
consejero y guía espiritual.
Nos despedimos y durante el siguiente
año y medio tuvimos algunas comunicaciones, pero sin mucho sobre nuestro tema,
sus estudios le absorbían totalmente. Dos meses antes de su graduación me llamó
con una excelente noticia: “Señor Cura, he conseguido un puesto en la escuela
secundaria de mi pueblo y pronto estaré de regreso. Si desea, nuevamente
podremos platicar en persona, sobre todo me interesaría que hablemos de la
teoría de la evolución, un tema que es obligatorio aprender, para después
poderlo enseñar en las clases de biología del tercer año de secundaria.” Dije
que gustoso esperaría su regreso para poder reanudar nuestras conversaciones.
Profesor de
Secundaria
Dos meses después él estaba de
regreso e hicimos cita para reunirnos. Esta ocasión llego en su propio
automóvil, se lo había obsequiado su padre como regalo de graduación.
Seguramente esto significó un gran sacrificio, dado lo raquítico que son los
salarios de los profesores de primaria. Nos saludamos afectuosamente y lo
felicité dándole un abrazo por haber obtenido un puesto como maestro en su
pueblo, así continuaría en contacto con sus círculos familiares y sociales. Él
agregó que asi su salario rendiría más, pues seguiría viviendo con sus padres y
no tendría que pagar renta.
Después fuimos a caminar por las
veredas del jardín parroquial. Él inició la conversación platicando que durante
los años que estuvo fuera un evento importante había ocurrido en su región; la
industria turística había descubierto lo maravilloso que era el lugar; se
habían edificado varios hoteles de primera calidad y había otros más en
construcción. El presidente de la república había venido semanas atrás para
inaugurar un flamante aeropuerto y empezó a llegar turismo internacional.
Cambiando de tema, dijo que se encontraba muy ocupado preparando los cursos que
por primera ocasión impartiría, pues tendría a su cargo más de noventa
estudiantes en tres asignaturas de segundo y tercer grado de secundaria.
Hicimos una pausa, y mirando
hacia el cielo pregunté: ¿Explícame que aprendiste sobre lo que es la
evolución? Me contestó: “La evolución es
el cambio en las características heredables de las poblaciones biológicas durante
generaciones sucesivas. Estas características son las expresiones de genes que
se transmiten de padres a hijos durante la reproducción. Las diferentes
características tienden a existir dentro de una población dada como resultado
de la mutación, la recombinación genética y otras fuentes de variación genética
quizá aún no conocidas. La evolución ocurre cuando procesos evolutivos como la
selección natural, es decir la sobrevivencia del más apto, actúan sobre esta
variación, lo que resulta en ciertas características que se vuelven más comunes
dentro de una población. Es este proceso de evolución el que ha dado lugar a la
biodiversidad en todos los niveles de seres vivos”. Efectivamente así ha sido y
por eso estamos aquí, fue mi respuesta.
Después le pregunté: ¿Has pensado
qué motivos tuvo el creador para haber decidido que así fuera la vida sobre
este su planeta elegido? “He pensado mucho al respecto, pero sin llegar a una
conclusión, entonces preferirá que usted me lo explique”, fue su respuesta. Le
dije que el creador diseñó su obra para que fuera dinámica, con algunos grados
de variación, porque de otra manera los humanos hubiéramos sido como robots,
programados para hacer siempre lo mismo. Entonces diseñó la evolución para
tener un catalizador, un facilitador, con las aparentes crueldades de la
supervivencia del más apto entre las especies para que al final surgiera el
Homo sapiens, aparentemente hace setenta mil años.
Mauro meditó mi respuesta unos
momentos y dijo: “Eso fue obviamente indispensable para que surgiéramos con inteligencia,
la capacidad de albergar un alma, tener una consciencia y poder ejercer el
Libre Albedrío.”
¡Así es, te felicito! Veo que
comprendiste con certeza y me da gusto que compartimos ideas, le dije. Nos
sentamos en una banca y pedí que me comentara que más había aprendido sobre la
evolución. Dijo que también había aprendido que la evolución avanza por saltos,
mediante un proceso llamado teoría del equilibrio, que cuando hay extinciones
causadas por catástrofes, el vacío ecológico es llenado por especies
modificadas, o de plano por nuevas especies que mejor se adapten a las nuevas
condiciones. Respondí que efectivamente así era, sin duda como parte de Su diseño
original, otra de las variables necesarias para que a final de cuentas
existiera en los humanos la capacidad de obrar o no obrar. Mauro agregó que el
profesor del tema les pidió que, como examen final, escribieran un ensayo donde
expusieran un caso, y que él había hecho un ensayo donde argüía que el vacío
dejado por los millones de personas que fallecieron durante las últimas guerras
estaba siendo llenado por seres humanos de alguna manera evolucionados y que en
cierta manera eran diferentes. Como ejemplo citaba la capacidad que algunos
niños y jóvenes tienen para comprender la lógica de la cibernética.
Medité por un momento y con fingido
reproche le dije: Me da la impresión que te atreviste a sugerir que el Señor
permitió las barbaries cometidas para darle un espacio a la evolución. Él se
sonrojó al sentirse descubierto y respondió que solamente había sido un ensayo
para aprobar la materia.
Sintiéndome un poco incómodo
porque estábamos abordando un tema que me parecía prematuro, le dije: Nunca en
la historia de la humanidad había existido tanta gente con interés y capacidad
para dedicarse a la investigación; notables biólogos, físicos, químicos,
astrónomos y matemáticos surgen cada día, pareciera que en tu ensayo existe
algo de verdad y seré sincero, yo también me atreví a pensar cosas semejantes.
En otra época tú y yo hubiéramos sido llevados a la hoguera por escribir
herejías.
Caminamos un rato en silencio y para concluir
agregue: Independientemente de la situación de las guerras, pareciera que el
Señor está tratando de introducir mentes capaces de lograr sus designios, pero
no está satisfecho con los resultados, pues los logros de líderes de buena fe,
así como los de muchos científicos, filósofos y místicos, avanzan muy lento, no
son lo suficientemente rápidos para prevenir un desastre. Dijo no comprender bien
y me pidió que le explicara con más detalle. Le respondí que eso lo veríamos en
nuestra próxima reunión, pues debía ir a visitar a un enfermo grave.
Durante nuestro siguiente
encuentro, un domingo después de las misas, Mauro comentó que una vez
terminadas sus labores de calificar exámenes y preparar sus cursos, iba a la
playa a meditar y dejar que su mente divagara por los cuerpos de los diferentes
cangrejos que por ahí pasaban. Encontró muy divertido observar sus diferentes
órganos y las sutiles diferencias entre las varias especies. Respondí que eso
era prueba viviente de que la evolución sigue trabajando sin descanso, para
cumplir con los dictados del Creador. Después, entrando en materia con lo que
quedó pendiente, le dije; tengamos en cuenta que la humanidad, en su afán de
acumular riquezas, está dispuesta a aniquilarse a sí misma y además destruir al
planeta; con frecuencia la ciencia bien intencionada ha sido transfigurada para
utilizarse en la creación de armas biológicas, armas químicas y armas
termonucleares, además de crear los dudosos organismos transgénicos. Con tono
entre triste y sarcástico dijo que eso podría dejar un inmenso vacío ecológico.
Continué diciendo: Pienso que el
Señor sabe que únicamente cuando haya un avance importante en la comprensión
del objetivo de la vida, los humanos tendremos la humildad suficiente para
estar en paz y dedicarnos a comprender su obra y a ser sus compañeros en la
creación. Mauro, a manera de respuesta, preguntó: ¿Piensa usted que el Creador
ha decidido que el proceso de la evolución necesita dar un rápido avance?
Dije que efectivamente, yo pensaba que era tiempo de dar
un salto pues, si observamos con cuidado, durante los últimos cientos de años
hubo una aparentemente lenta y fortuita creación de filósofos y científicos en
diferentes partes del mundo, que tuvieron el talento para la comprensión de la
vida, donde se generaron competentes participantes como Mendel, Darwin,
Pasteur, Lister, Sanger, Lemetre, Watson y muchos más, lo cual no resultó
suficiente dado que persistieron las guerras, culminando con las terribles
matanzas de la primera y segunda guerras mundiales, además de innumerables
conflictos por todos lados del mundo y la continuación del deterioro ambiental.
Viendo que no hubo el resultado deseado, pareciera que El Creador cambió de
estrategia, a partir de los años sesenta vino la intensificación de la
enseñanza superior, con innumerables universidades ofreciendo maestrías y
doctorados en muchos ramos de la ciencia y de las humanidades. Esto generó gran
cantidad de científicos, pero como bien sabemos, muchos de ellos se han aliado
con empresas y proyectos gubernamentales que más bien se contraponen a Sus
designios, en pocas palabras, seguimos rumbo al desastre. Entonces, al parecer
El Creador, mediante una combinación de estrategias evolutiva y espiritual,
está poniendo en práctica alguno de sus planes emergentes.
Mostrando sorpresa Mauro preguntó
que cuál sería la manera en que la evolución alcanzaría ese propósito y
respondí que yo pensaba que el Señor había diseñado un linaje, un grupo de
humanos con la capacidad intelectual necesaria para que el alma pudiera, de una
manera intuitiva, plenamente explorar la creación y, con el ejemplo, mostrar al
resto de los humanos lo que la inteligencia y la consciencia son capaces de
lograr. Que no era necesario agregar que para disfrutar estas gracias
concedidas a sus tan amados hijos, debíamos dejar de conducirnos al suicidio
destruyendo este planeta; que debíamos convertirnos en jardineros guardianes, en
lugar de invasores depredadores, y comprendernos y amarnos unos a otros. Para cerrar dije que al parecer él era punta
de lanza de esa generación.
Él se detuvo con sorpresa, volteó
a mirarme y dijo que no le parecía posible, siendo que él era una persona
sencilla, simple maestro de escuela secundaria e hijo de una familia de escasos
recursos. Le respondí que nada era
imposible en los Diseños del Creador, que diera consideración a mis palabras y
que esperaba nos reuniéramos después que
experimentara una visión. Lo acompañé hasta su automóvil y se alejó aún con
expresión de gran sorpresa en su rostro.
Fue en esta época cuando José
María me comentó que dentro de cuatro semanas, durante las vacaciones
escolares, podría cancelar compromisos familiares y que, si lo deseábamos,
podría venir a conocer a Mauro, quien también estaría de vacaciones. Los tres
nos pusimos de acuerdo para la primera semana de junio y les preparé
habitaciones en la casa parroquial.
Presentación Con
la Alta Jerarquía
El primer día, después de las
presentaciones de rigor, los reuní en mi oficina y los dejé conversar solos
para que Mauro describiera sus experiencias. José María después me buscó, muy
impresionado, para conversar en privado y decir que el caso ameritaba hacerlo
saber al Papa, lo cual no sería fácil. Había docenas de peticiones similares en
lista de espera, algunas con rezago de años, pero que si estaba yo de acuerdo
intentaría promoverlo a través de sus contactos en Roma. Dije que me parecía una excelente idea y que
pidiéramos a Mauro su opinión. Regresamos a mi oficina y le informamos lo que
procedería. El se sorprendió mucho y
dijo que nunca se hubiera imaginado que sus visiones fueran algo que ameritara atención
tan alta, y que estaba gustoso por la alegría que sentirían sus padres.
Hicimos una pausa para tomar un
almuerzo y después Mauro dijo que tenía mucho que contarnos, asuntos que habían
ocurrido recientemente. A continuación, relato de la manera más precisa
posible, lo que nos dijo:
“Para descansar de mis
responsabilidades académicas, iba a la playa para meditar y explorar la
fisiología de los animalitos. Un día que estaba viajando dentro de un cangrejo,
observando el metabolismo de sus órganos respiratorios, desperté al percibir la
cercana presencia de una persona. Abrí los ojos y me encontré con un rostro que
me inspeccionaba. Era una mujer, obviamente una turista de alguno de los
hoteles de la cercanía; era de una belleza extraordinaria y también de llamar
la atención era la frialdad en la mirada de sus ojos verdes. Me observó con
desconfianza, mi estado mental apuntaba que estaba yo intoxicado. Dando un
rodeo continuó su camino a lo largo de la playa; desde mi lugar me di cuenta
que ella también observaba a los animalitos.”
“Intenté regresar a mi trance,
pero ya no me fue posible recuperar la concentración, entonces me puse a
simplemente continuar observando los crustáceos de la playa. Estaba concentrado
en este asunto cuando noté una persona junto a mí; era la mujer que había
regresado y se había sentado sobre la arena. Con un fuerte acento extranjero,
pero con perfecto español, dijo: —Veo que tenemos cosas en común, nos gusta
observar la fauna costera—. Después se
puso a decir los nombres biológicos de los que pasaban. Para un cangrejo
anaranjado dijo: Grapsus grapsus, cuando pasó un cangrejo azuloso dijo:
Portunus pelacicus; para un cangrejo pequeñito dijo: Pinnotheres pisum, y así
sucesivamente.”
“Divertida ante mi sorpresa dijo
que ella era bióloga, originaria de Alemania y que por ahora trabajaba en un
laboratorio de medicamentos en los Estados Unidos. Estaba tomando vacaciones y
se hospedada en un hotel cercano. Luego me preguntó de dónde venía mi interés
por la biología marina. Primero le respondí que por el hecho de ser maestro.
Alguna ocasión había intentado explicar mis viajes celulares a colegas y
profesores, pero habían considerado que era cosa de broma y por esta razón dejé
de tratar de explicar a otros. Por su parte, ella dijo llamarse Ingrid Sparre,
preguntó mi nombre y se retiró.”
“Al día siguiente regresé a la
playa y en esa ocasión decidí adentrarme en el hígado de un cangrejillo de
nombre Pinnotheres pisum, según Ingrid había mencionado el día anterior. El
animalito dejó la playa y se adentró en el mar en busca de comida. Cuando la voz de Ingrid me llamó: -¡Mauro,
Mauro!- Me tomó un buen rato en regresar desde el océano hasta mi cuerpo. Abrí
los ojos para nuevamente encontrarme bajo el escudriño de su mirada de acero y
me preguntó que si dormía. Le respondí que no dormía y por curiosidad de saber
cuál sería su reacción empecé a explicarle lo que hacía. Ella me miró con
incredulidad y sonrió. Yo continué con mis explicaciones y ella, a manera de
comprobación me pidió que le describiera detalles del funcionamiento de una
célula de hígado de camarón. Le di pormenores y ella me miró sorprendida. Luego
me pidió que le explicara como era el proceso de generación de energía para
convertir la glucosa en glicol, una forma de glucosa concentrada que se
almacena en el hígado. Hice la descripción, molécula por molécula, con detalles
precisos de la transferencia de electrones. Ella me miraba muy sorprendida y me
pidió si pudiéramos encontrarnos al día siguiente en el mismo lugar.”
“Por la noche platiqué a la
abuela lo ocurrido y ella dijo que mi bisabuelo usaba caparazón molido de los
cangrejos para curar a los artríticos. -¿Acaso será que la señorita extranjera
es curandera reumatóloga?- preguntó entre dientes.”
“Durante varios días me encontré
con Ingrid y ella me preguntaba sobre procesos metabólicos de diferentes
células de diferentes organismos y yo le explicaba con todo detalle, molécula
por molécula. Al término de sus vacaciones me preguntó si sería posible que
ella regresara acompañada por el director de su empresa, alguien de nombre
Manfred, para que le diera una demostración de mis viajes celulares. Estuve de
acuerdo y ella dijo que me llamaría para informar la fecha de su regreso, y
también fue en esta época cuando recibí su llamada diciendo que el padre José
María vendría dentro de cuatro semanas.”
“Tres semanas después Ingrid y
Manfred llegaron a mi pueblo y se hospedaron en el Hotel Royal. Por la tarde
nos reunimos en un lugar apartado de la playa y me preguntaron si había hecho
viajes en células humanas. No se me había ocurrido hacerlo, entonces hicimos un
plan para llevarlo a cabo, yo intentaría entrar a una célula de la piel de
Ingrid.”
“Nunca había hecho un viaje por
petición y me fue difícil lograrlo, durante varios días lo intentamos, pero no
obtenía la concentración requerida. Cuatro días después por fin lo logré y
entré a una célula de la piel de Ingrid. Luego se me pidió entrara a una célula
pulmonar y finalmente a células de su sangre; en cada caso les hice una detallada
descripción de las funciones particulares de cada célula y ellos volteaban a
verse sorprendidos. Al día siguiente repetimos el experimento, Ingrid tenía un
ligero resfriado y pensamos que era una buena oportunidad para ver el
comportamiento de una célula infectada. Entré por su nariz, me metí entre los
vasos capilares y me instalé entre las células de la mucosa nasal. Estas
células estaban irritadas, hinchadas y temblorosas. Una de ellas aumentó en
tamaño súbitamente y su membrana empezó a desgarrarse. Salieron multitud de
esferas cubiertas de protuberancias, típicos virus del catarro, según había
visto en el libro que me obsequió usted.”
“Rápidamente estas esferas se
adhirieron a otras células, las cuales se veían obviamente molestas por la
infección. Decidí entrar a una, para observar la invasión de los virus desde la
parte interior. Me metí por el orificio de admisión de glucosa y me coloqué
cerca del núcleo. No pasó mucho tiempo antes de que hubiera una perturbación en
la membrana celular; una especie de estremecimiento.”
“Después vi cómo se formaba un
domo el cual se reventaba hacia fuera. Por la abertura se lograba ver el virus
que se había adherido y que rápidamente inyectó su material genético hacia el
interior de la célula. Este material era una especie de serpiente enroscada,
cuya cabeza era una enzima, de forma similar a una broca de taladro. Esta
enzima era muy activa, rápidamente se abrió paso entre los órganos celulares,
como excavadora, y logró llegar hasta la membrana del núcleo para introducirse
en él. Una vez dentro del núcleo la célula quedó infectada.”
“Durante varios minutos la célula
continuó con sus funciones normales, el ADN daba sus comandos para la
producción de proteínas, se admitían glucosa y hormonas que regulaban las
funciones, pero llegó un momento en que se suspendieron las actividades. El
núcleo tomó una forma extraña y se convulsionó. En el citoplasma se empezaron a
formar componentes desconocidos que se agrupaban formando precursores de nuevos
virus. ¡La célula se había convertido en fábrica de sus propios invasores!
Estos se concentraron en gran cantidad hasta que hicieron que la membrana se
reventara. La célula había muerto y los virus se regaron en el espacio
intracelular, dispuestos a invadir otras células cercanas.”
“Para ese momento, el sistema
inmunológico de Ingrid ya había detectado a los invasores, gran cantidad de
glóbulos blancos se presentaron para dar batalla, devorando los virus que
habían sido recientemente producidos y que se desplazaban en el espacio extracelular.
La mayoría fueron capturados, pero algunos lograron escapar e invadieron otras
células de la mucosa nasal, pero el sistema inmune había desarrollado otra
arma, algunos glóbulos blancos habían desarrollado la facultad de identificar a
células de la mucosa nasal que estuvieran infectadas por virus y las destruían.
Se sacrificaban unas células del cuerpo, pero de esta manera se impedía que los
virus tuvieran donde replicarse. En un corto plazo el sistema inmune tomó
control de la situación y el catarro de Ingrid había sido vencido.”
“Durante la batalla entre el
sistema inmune y los virus yo fui lanzado de un lugar a otro. Cuando la célula
en la que me encontraba alojado fue destruida quedé a la deriva entre la mucosa
nasal y, aunque la batalla había sido ganada por el sistema inmune, este tejido
aún estaba inflamado y sensible. Ella estornudó, fui expulsado a la atmósfera y
desperté de inmediato. En cuanto me sentí recuperado hice una detallada
explicación de lo que había experimentado, mientras Ingrid y Manfred
apresuradamente tomaban notas.”
“Durante varios días continuamos
con experimentos de entrada a órganos de ellos. Hice un viaje por los riñones,
músculos e intestinos de Manfred, y por células de la sangre de Ingrid,
logrando hacer una detallada explicación del funcionamiento de sus linfocitos,
eritrocitos y células T. Para terminar, me pidieron explorara una neurona
cerebral de Ingrid, lo cual me pareció sería muy interesante. Me introduje por los vasos capilares que
rodean al nervio olfatorio de la nariz y entré al cráneo, pero cuando intenté
salir del vaso capilar para entrar a una célula neuronal me encontré con una
barrera, era una barrera tanto física compuesta por tejido fibroso, como
espiritual que decía ‘aquí hay un límite el cual aún no puedes rebasar, será en
otra ocasión bajo circunstancias diferentes’. Regresé de mi trance y les
expliqué que eso no me era permitido. Me miraron con incredulidad y, cambiando
de tema, dimos por terminada la sesión.”
“Las demostraciones los
convencieron de que yo estaba describiendo hechos reales; que de alguna manera
tenía el talento para percibir las funciones celulares. Ingrid preguntó que si
me interesaría ir a Nueva York para explorar órganos de pacientes que sufrieran
enfermedades, con la finalidad de diseñar medicamentos que aseguraran una
curación. Manfred agregó que si se lograban resultados positivos podría yo
recibir una remuneración generosa y preguntó que si tenía yo pasaporte. Respondí
que cuando estudiaba en la capital provincial, mas que nada por curiosidad, lo
había adquirido y a Ingrid dije que si me interesaría ir a conocer su empresa, que
iniciado el periodo de vacaciones lo haría con mucho gusto. Como nunca había
viajado fuera de mi provincia y mucho menos había tomado un avión, acordamos
que Ingrid vendría por mí para regresar juntos a Nueva York. Sentí temor por lo
que se avecinaba y decidí consultar con mi abuela; ella se alarmó mucho y me
dijo que tenía la certeza de que si me iba con ellos jamás me darían la
oportunidad de regresar vivo.”
“Por otro lado, se aproximaba la
fecha para esta reunión, entonces llamé a Ingrid y le dije que no iría. Ella se contrarió mucho y me rogó que
cambiara mi decisión, que yo podría ser inmensamente rico colaborando con su
empresa farmacéutica. Le respondí que
iría a una reunión con mi guía espiritual y que después hablaríamos, y aquí
estoy.”
José María y yo volteamos a
vernos sorprendidos y le cedí la palabra. Con una sonrisa él dijo que como de
costumbre, el Libre Albedrío mercantilista de los humanos trata de sacar
provecho de todo lo nuevo, incluyendo los milagros y las profecías. Después agregó que lo que más le llamaba la
atención fue que a Mauro no le era posible ni permitido inspeccionar las
neuronas y que sobre este tema había investigaciones recientes por parte de dos
científicos de nombre Penrose y Hameroff. Ellos han propuesto que la conciencia
humana está conectada con el resto del universo y que esta conexión
aparentemente se origina en una estructura interna de las neuronas nombrada microtúbulos.
¿Sabes algo de esto? –preguntó a
Mauro.
Él respondió que los microtúbulos
eran el esqueleto interno de toda célula, incluyendo las neuronas; después se
quedó pensativo, cerró los ojos por un momento y agregó: Tengo el
presentimiento de que El Creador sí me permitirá explorar las neuronas del
padre José María, por ser un hombre de fe y además un científico, y que tendré
mas posibilidades de lograrlo si lo hacemos frente al altar. Les dije:
Adelante, acomódense donde gusten, la iglesia está a su disposición,
aquí los espero cuando hayan terminado.
Como dos horas después José María
vino a mi oficina y me dijo, muy entusiasmado, que todo indicaba que algo muy
importante se había logrado. Inicialmente Mauro y él se habían hincado en
reclinatorios, oraron durante unos minutos pidiendo al creador les concediera
lo solicitado, y después observó que Mauro entró en trance. Por su parte José
María cayó en un profundo sueño donde le vinieron memorias de su infancia, así
como de sus primeros aprendizajes en el seminario y, cuando despertó, se dio
cuenta que Mauro estaba postrado sobre el piso, con los brazos en cruz. Comprendió que podía retirarse, vino a
buscarme y como precaución fuimos a ver si Mauro estaba bien.
Cuando llegamos frente al altar
Mauro se estaba incorporando, pero como alguien que despierta de un profundo
sueño. Lo ayudamos a que terminara de ponerse en pie y pidió que lo dejáramos
solo para hacer oración y dar gracias por lo que acababa de experimentar. Nos
fuimos al jardín y Mauro nos alcanzó como una hora después para relatar su
experiencia:
Dijo que había entrado por la
nariz de José María y navegando por los vasos capilares, siempre recibiendo
instrucciones de por dónde dirigirse para llegar al lóbulo frontal de su
cerebro, en esta ocasión no tuvo dificultad para entrar a una neurona y después
anidar en uno de los muchos microtúbulos.
Que una vez ahí se le presentó el universo en su forma actual, visto
como si su mente fuera un inmenso telescopio donde se pudiera observar la
creación, con la capacidad de enfocar sin el mas mínimo esfuerzo en alguna de
los miles de millones de galaxias, bien fuera sobre una cercana o una lejana. Que
una vez en alguna de ellas podía seleccionar alguna de sus muchísimas
estrellas, acercarse a ella y darse idea de cuantos planetas tenía. Que pudo
acercarse a estrellas a punto de convertirse en supernovas y ver como
explotaban creando los elementos que formarían futuros planetas. También pudo
observar como la acumulación de polvo interestelar se agregaba para ir creando
nuevos sistemas planetarios, y que muchísimos de ellos eran similares a nuestro
sistema solar. En este punto percibió que debía de dar por terminado su viaje y
recobrar la consciencia.
Mauro regresó a su pueblo y José
María se quedó un día mas para hacer recopilación de lo que había visto y
escuchado. Me dijo que tenía la certeza
de que estábamos viviendo un milagro, un hecho que podría hacer que la
humanidad enderezara su curso. Después regresó a su instituto en la capital
para continuar promoviendo una entrevista en el Vaticano.
Pasó más de una semana sin que
recibiera noticias de Mauro y decidí llamarle, más que nada para saber si su
regreso había sido sin incidentes. Contestó su madre quien dijo que Mauro,
después de todo, había decidido aceptar la invitación de la señorita Ingrid y
que el día anterior había partido con ella rumbo a Nueva York.
Inicio de Interferencias
Dos semanas después Mauro llamó
para describir su experiencia de este viaje:
Dijo que Ingrid, inesperadamente
llegó a su puerta diciendo que había venido en el avióֶn particular de
su empresa, que los miembros de la directiva estaban muy interesados en
conocerlo y que hiciera maletas para salir al día siguiente. Él nunca había
abordado un avión y el hecho de que se trataba de un avión particular acabaron
por convencerlo.
Fueron a Nueva York donde lo
hospedaron en un lujoso hotel y lo llevaron a conocer las oficinas y los
laboratorios de la empresa. Pudo observar en qué consistía la alta tecnología
de punta para desarrollar y fabricar medicamentos. Asimismo, además de los
directores, conversó con algunos científicos de la empresa, intercambiando
puntos de vista sobre lo que pudiera ser una mejor estructura molecular de un
medicamento contra el Alzheimer. Él, sin conocer a fondo la ciencia requerida,
pudo opinar de una manera general, pero con tal certeza que al personal de la
empresa se les hacía difícil creer lo que estaban escuchando. Después de esa
visita, nuevamente en el avión particular de la empresa, Ingrid y Manfred lo
llevaron para un descanso a la Riviera Maya del Caribe de México y se
hospedaron en el hotel mas lujoso de la zona. La habitación consistía en un pent-house
de todo el nivel y con cocinera de tiempo completo. Ingrid le dijo que ese
estilo de vida podría ser para él y para su familia si aceptaba colaborar con
su empresa en el desarrollo de nuevos medicamentos. Su respuesta fue que quería
consultar con su guía espiritual antes de tomar cualquier decisión. Se quedaron
únicamente cuatro días y después, muy contrariados, lo llevaron de regreso al
aeropuerto de su población.
Percibí que la tentación de los
goces mundanos era muy fuerte y podría atraparlo, entonces dije que estaba de
acuerdo, que el asunto ameritaba consultoría y le ofrecí un retiro espiritual a
la brevedad posible, le comenté que podría hospedarse en la casa parroquial de
Santa Cecilia el tiempo que él juzgara necesario.
Temerosa
Interferencia
Mauro fue a su casa y regresó
tres días después con sus maletas. Cuando estaba terminando de desempacar llamó
su padre para decir que poco después de haber partido su hijo, a la casa había
llagado un grupo de seis hombres en dos vehículos, que se identificaron como
policías federales y tenían una orden de aprehensión en su contra. Cuando se
les dijo que Mauro no estaba, entraron de manera forzada y habían buscado en
cada habitación y debajo de las camas.
Una vez convencidos de que no se encontraba ahí, dos de ellos se habían
quedado haciendo guardia y los otros cuatro habían partido, que sospechaba
sabían de Santa Cecilia y lo más probable es que iban en camino; que se fuera
inmediatamente a otro lugar.
Afortunadamente en la iglesia
había un buen escondite, una cava bajo el altar, que fue diseñada para esconder
las cosas de valor cuando había ataque de piratas. Rápidamente lo instalé ahí
junto con su equipaje y previendo que un escondite a largo plazo fuera
necesario, le bajé una litera, el pan que tenía y agua.
Pensando que la presencia de dos
autos era sospechosa le pedí sus llaves y llevé el suyo a casa del mecánico que
está a dos cuadras; dije que era de un amigo y que regresaría para decir que
reparaciones serían necesarias. Regresé a la parroquia y minutos después
irrumpió el grupo de cuatro hombres, esta vez con pistolas en mano. Cuando dije que no sabía nada de Mauro me
pusieron esposas en las manos y fueron a examinar todos y cada uno de los
espacios. Al no encontrar a nadie, empezaron a interrogarme con rudeza y uno de
ellos me golpeó en la cabeza con su pistola. En ese momento se escuchó una
fuerte algarabía que venía de la iglesia; unos feligreses habían observado la
intrusión, fueron a su barrio, organizaron un grupo y acudieron a ver lo que
ocurría. Cuando los policías se identificaron como agentes federales los
feligreses reclamaron que la iglesia era santuario y agresivamente exigieron se
me quitaran las esposas y que salieran del lugar. Temiendo ser linchados los
policías cedieron, salieron de la iglesia y partieron del pueblo.
Di las gracias a todos y expliqué
que escondía a alguien que era perseguido por ser hombre santo y les di mi
palabra, en nombre de Dios, que no se trataba de ningún criminal. Les pedí esperaran un momento, fui a la parte
posterior del altar, bajé a la cava, dije a Mauro lo ocurrido y subimos a la
iglesia donde, para mi sorpresa, fuimos recibidos con un aplauso. Para dar
gracias a Dios por su divina intervención al haber enviado a los feligreses,
celebré una misa, después les dije que para mayor precaución Mauro y yo
partiríamos inmediatamente. Un grupo como de diez hombres se quedó para brindar
protección en caso de que fuera necesario y los demás se fueron a casa.
Llamé a José María, le dije lo
ocurrido y pregunté si nos podría recibir en su casa en la capital del país.
Estuvo de acuerdo y si todo iba bien llegaríamos en la madrugada. Uno de los
feligreses fue por el auto de Mauro y cuando estábamos subiendo las maletas
timbro el teléfono. Contesté y era la voz de una mujer con acento extranjero
quien se identificó como Ingrid, amiga de Mauro. Hice señas a Mauro para que viniera a
escuchar la conversación pegando su oído al auricular. Ella dijo que había
llamado a la casa de Mauro donde contestó su padre, quien dijo no saber su
paradero. Entonces ella, al recordar que
yo era su guía espiritual, en asistencia telefónica había conseguido el
teléfono de Santa Cecilia y estaba llamando porque era extremadamente
importante hablar con Mauro.
Por mi parte dije que sí era su
guía espiritual, pero hacía tiempo que no sabía de él y pregunté si me podría
explicar cuál era el motivo de su llamada. Hizo una pausa y dijo: “Tengo la
certeza que pronto Mauro se comunicará con usted, le pido que le diga que en mi
empresa descubrimos que alguien robó documentos donde, entre otras cosas, se
hace un análisis sobre la reunión que tuvimos con él. Ahí se concluye que su capacidad para
explorar a los seres vivos y su intuición sobre lo que es la química y la
física, claramente indican que tenemos entre nosotros a un individuo
extraordinario y con la capacidad de cambiar el curso de la historia. Tenemos
la certeza de que el robo de documentos fue planeado por una organización
criminal cuyo objetivo es lograr el control mundial por los medios que sean
necesarios, incluyendo guerra química y bacteriológica, entonces contar con
alguien como Mauro entre sus elementos sería sumamente valioso. Tenemos la
certeza de que intentarán convencerlo de que colabore con ellos y, si no lo
hace, son capaces de lo peor”. Di las gracias por su información, dije que si
sabía de Mauro se lo haría saber y nos despedimos.
Esta llamada confirma que debemos
apresurarnos, le dije, y pregunté a los feligreses si sería posible organizar
un convoy de protección que nos siguiera en la carretera hasta tener la certeza
de que nadie nos seguía. Hubo varios voluntarios que fueron a buscar sus autos,
nosotros terminamos de empacar y pronto el convoy tomó la carretera que va
rumbo a la capital. Ya anochecía y después de media hora de camino hice alto y
les dije que me sentía seguro para continuar solo, que por favor regresaran a
sus casas.
Manejamos toda la noche, tomando
turnos al volante y llegamos a las orillas de la gran ciudad por la
madrugada. Nos detuvimos en un
restaurante para desayunar y desde un teléfono público llamamos a José María
para que fuera por nosotros; para mi esa ciudad era totalmente desconocida. También
llamamos a los padres de Mauro para informar que el estaba sano y salvo, saber
cómo estaba ellos y qué había ocurrido con los dos hombres que se quedaron de
guardia. Se alegraron mucho al enterarse que su hijo estaba a salvo y dijeron
que regresaron los cuatro hombres que habían ido tras Mauro y después todos
habían partido. Nos despedimos diciendo que llamaríamos de vez en vez, pero sin
decir nuestro domicilio, en caso de que su teléfono estuviera intervenido. José
María llegó media hora después y nos guió hasta su departamento donde había
acondicionado la sala como nuestro dormitorio.
Tomamos un baño, dormimos hasta
pasado el mediodía y por la tarde, después de comer, nos reunimos para
conversar sobre lo ocurrido. Estuvimos de acuerdo que si lo dicho por Ingrid
era verdad entonces los supuestos policías era más bien mercenarios contratados
por el grupo criminal. Por otro lado, si
en realidad eran policías federales regresarían con refuerzos, de lo cual nos
enteraríamos llamando al sacristán o alguno de los habitantes del pueblo. En
caso de que Ingrid y su empresa estuvieran atrás de lo ocurrido, tarde o
temprano ocurriría algo que los delataría, por ahora lo mejor sería
desconectarse de ellos. Por su parte
José María dijo que nos obsequiaría teléfonos celulares, dado que para tener
uno no se requería registro de nombre ni domicilio y de esa manera nos
comunicaríamos de manera anónima. También dijo ya había investigado que en las
cercanías de Santa Cecilia aún no había servicio celular, pero que en el pueblo
de Mauro, por estar en la cercanía de un aeropuerto y por ser zona turística ya
lo había; debíamos decir a sus padres que adquirieran uno.
Después Mauro pidió un espacio,
pues quería orar el resto de la tarde para dar gracias a Dios que se previno lo
hubieran tomado prisionero y que si no había inconveniente continuaríamos al
día siguiente. Por mi parte me comuniqué con mi obispo para explicar mi
ausencia; tuve que mentir y decir que estaba en la capital por razones de
salud. Si hubiera dicho la verdad
hubiera pensado que estaba yo delirando.
Al siguiente día Mauro dijo que
estaba percibiendo un cambio importante en sus visualizaciones, que cuando se
trataba de explorar el universo desde el punto de vista de las neuronas humanas
y sus correspondientes microtúbulos ya no le sería necesario hacerlo mediante
otra persona, que ahora le sería posible hacerlo desde sí mismo; pero que
necesitaría un espacio místico e inspirador para lograrlo, algo así como los
jardines de Santa Cecilia. José María
dijo que trataría de conseguir espacio en un monasterio en las afueras de la
ciudad. Hizo algunas llamadas y por la
tarde el asunto estaba resuelto; a Mauro se le daría alojamiento por dos
semanas en un monasterio de frailes dominicos.
Por la mañana del siguiente dia
lo fuimos a llevar, nos tomó como una hora por carretera para llegar al
monasterio, situado en las orillas de una pequeña ciudad que tiene el
sobrenombre de El Lugar de la Eterna Primavera por su agradable clima. Muy amablemente nos recibió el Abad y nos
mostró lo que sería la habitación de Mauro. Era común que, previa referencia,
alojaran a personas que buscaran un retiro espiritual.
José María y yo regresamos a la
capital y, aprovechando mi supuesta enfermedad, permanecí en su departamento
donde tuvimos largas conversaciones sobre lo que estaba ocurriendo. Tres días
después recibimos llamada de los padres de Mauro diciendo que para su hijo
había llegado un paquete de Ingrid. Pedimos que nos lo enviaran por mensajería,
que nosotros se lo haríamos llegar. En cuanto lo recibimos fuimos al monasterio
y Mauro abrió el paquete; contenía una carta explicando que en la empresa
farmacéutica hubo alguna indiscreción y ya muchas personas sabían de la
existencia y talentos de Mauro. Curiosamente esto despertó el interés entre
muchas mujeres por conocerlo y, aún mas, por llegar a tener un hijo o hija con
él. Todas eran profesionistas con altos cargos y no pedían sustento para el
vástago, solo deseaban tenerlo o tenerla por la posibilidad de que heredara los
talentos extraordinarios del padre. Incluidas estaban fotografías de las
candidatas, todas hermosas, de diferentes etnias y edades, entre veinticinco y
cuarenta años. Tampoco pedían una relación amorosa, una donación de esperma
sería suficiente. Al final una nota
entre paréntesis decía que ella, Ingrid, se sumaba a la lista. Mauro sonrió y
dijo: “se les olvida que la combinación de cuerpo y alma es necesaria para
desarrollar un talento, por favor envíenle una respuesta a mi nombre
indicándole esto”. Una tentación mas de la humanidad para tratar de desviar los
Designios del Creador, pensé.
Un Explorador Independiente
Después volvimos al tema y Mauro
nos describió sus recientes experiencias, que consistieron en visualizar la
sintonía de su consciencia con el resto del universo. Dijo: “Al explorar e inspeccionar
mi propio cuerpo ya no fue necesario navegar entre los órganos buscando la
célula particular donde debía colocarme, pues me ayudó el ya saber la
suficiente anatomía y simplemente pensar dónde quería estar. Entonces fui al
lóbulo frontal derecho de mi cerebro y elegí la neurona más cercana, entré a ella,
contemplé la perfección de su anatomía interna, me concentré en la infinidad de
postes que dan sostén a su estructura, es decir en sus microtúbulos, que son
como postes con un hueco al centro. ¿Correcto?”
Confirmé que su percepción era la
indicada y continuó: “Decidí posicionarme en ese espacio y, al hacerlo, entré
en un éxtasis aún mas profundo que me remontó al origen del universo, de manera
similar a mi primer sueño cuando niño. Al
momento de la creación del Átomo Primigenio, el Big Bang, el instante de la
decisión divina en que todo fue creado de la nada y donde todos los millones de
millones de millones de átomos subsecuentes, que eventualmente llegarían a
poblar el universo, formando galaxias, estrellas, planetas, rocas, agua, gases
y eventualmente seres vivientes, incluyéndonos a ustedes y a mí, se empezaron a
formar. Todos y cada uno de los átomos estando entrelazados con el inicial, así
como unos con otros, porque en realidad son el mismo. Todo es parte intrínseca
del genio del Creador.
Nos quedamos callados por unos
momentos y después José María dijo: “Somos Su parte intrínseca y al mismo
tiempo quiere que tengamos iniciativas propias, como todo buen padre que ama a
sus hijos. Por otro lado, lo que describes me hace pensar en la física
cuántica, particularmente en un fenómeno llamado entrelazamiento,
entanglement en ingles, donde se ha observado que átomos
separados grandes distancias parecieran comunicarse entre sí de manera
instantánea. Sí, instantáneamente, sin mediar lo que sería el obstáculo que
postula que nada puede viajar mas rápido que la velocidad de la luz. Este fenómeno, científicamente comprobado,
nos hace pensar que la teletransportación, como se ve en la serie de televisión
'Viaje a las Estrellas', es técnicamente posible”.
Por mi parte dije que, todo
indicaba que el propósito del universo entero era para que en un pequeño
planeta, de un sistema solar como muchos otros, se hubieran afinado las
condiciones, con todos los vericuetos de la evolución incluidos, para que al
final apareciéramos esos Sus amados hijos, en cierta medida irrespetuosos y
aparentemente desobedientes, pero que debía haber mas detrás de todo esto.
Mauro dijo estar totalmente de acuerdo y que pensaba que pronto el director de
la orquesta nos lo haría saber a través de sus visiones, dado que el monasterio
dominico le traía inspiración.
Al despedirnos el abad pidió a mí
y a José María que pasáramos a su oficina para tratar un asunto. Dijo: “De
antemano pido una disculpa por una intromisión, pero preocupado por tanto
misterio alrededor de Mauro, pegué mi oído a la puerta donde estaban para
escuchar la conversación y me doy cuenta que tenemos entre nosotros a un hombre
santo enviado por Dios. Si me lo permiten me gustaría invitarlo a unirse a
nuestra orden, de esta manera tendríamos a un excelente predicador que atraería
multitudes para las misas dominicales”.
No pude disimular una sonrisa,
era una intrusión mas del Libre Albedrío.
José María dijo que se lo haríamos saber a Mauro pero que más bien
estábamos tratando de conseguir audiencia con el Papa, dado que pensábamos que
el asunto lo ameritaba. El abad, apenado, pidió disculpa y dijo que Mauro podía
quedarse el tiempo que fuera necesario.
Una vez de regreso en la ciudad, José
María inmediatamente redobló sus esfuerzos para hacer llegar al Vaticano nuestra
petición, y nuevamente se encontró con
el obstáculo de que había demasiadas solicitudes similares en espera. Por mi
parte me vi en la necesidad de regresar a mi parroquia, no había sacerdote
substituto y la congregación se quejaba por falta de pastor. José María se
encargaría de visitar a Mauro y yo vendría para visitas rápidas en caso de que
fuera necesario.
En Santa Cecilia se confirmó que
no había regresado ningún merodeador y por lo tanto los supuestos policías
federales no eran tales. Los padres de Mauro vinieron a visitarme, les comenté
que su hijo estaba bien y en buenas manos con los frailes predicadores y, sin
entrar en detalles porque él me lo pidió para no preocuparlos, ya que pensarían
que algo andaría mal con su salud mental, les dije que Mauro necesitaba tiempo
para reflexionar sobre su vida espiritual y que pensábamos que pronto podría
estar de regreso, ciertamente antes de que empezara el año escolar para presentarse
en su trabajo.
Unos días después recibí una
llamada de José María diciendo que Mauro vendría a pasar con él la última
semana antes de su regreso a casa; sus meditaciones le indicaron que debía
aprender más sobre la física cuántica para poder interpretar sus visiones y
quién mejor que José María para instruirlo. Esto me hizo meditar sobre el
motivo por el que El Creador quiso que Mauro primero percibiera la biología e
inclusive la química orgánica, y no fuera hasta muchos años después cuando surge
la necesidad de comprender lo que hay detrás, es decir la física cuántica, y no
a la inversa.
Concluí que la biología, aunque
de cierto grado de dificultad, es más obvia para un niño; en nuestra tierna
edad despertamos rodeados por la vida, empezando por la nuestra, la de nuestra
madre, la de nuestro padre, hermanos, familia, alimentos y plantas de macetas y
jardín. También nacemos rodeados por lo que llamamos la física clásica: la luz,
la atracción gravitacional, los sonidos, el calor, el frío, la flama de la
estufa, el abrigo que da la vestimenta, el calor del sol, el frío del hielo.
En cambio, la física cuántica es
de reciente descubrimiento y su comprensión no es obvia, dado que es la rama de
la ciencia que observa y trata de comprender el comportamiento de los
componentes básicos de la materia y de la energía, esos infinitamente pequeños
elementos que, para la sorpresa de todos, son extremadamente extraños y
aparentemente de muy diferente naturaleza de la que se observa en los cuerpos
ya constituidos por esta misma infinidad de partículas. Son cosas muy
paradójicas que hubieran confundido y espantado a un niño de tierna edad.
Para empezar, en la antigüedad
quién hubiera podido suponer que la materia, incluyendo aquella de la que
estamos hechos, está constituida por átomos infinitamente pequeños, con sus
núcleos constituidos por protones de carga eléctrica positiva y neutrones de
carga eléctrica neutra y, girando alrededor con altísimas velocidades, los
electrones de carga eléctrica negativa. Recuerdo que cuando en la escuela
secundaria me enseñaron ese concepto pensé que estaría bien para explicar un
metal, un cristal, madera o un ladrillo, pero que de ninguna manera podría
aplicarse para alimentos y menos para una persona. ¡En el caso extremo otros
podrían estar hechos así pero yo, jamás!
Asimismo, se me hacía difícil creer que la luz, tan acostumbrado que
estaba a percibirla todos los días, pudiera estar conformada por partículas
infinitamente pequeñas, fotones que no tienen cuerpo, pero sí una carga eléctrica
y otra carga magnética que giran alrededor una de otra con inusitadas altas
velocidades.
Llegado el día fui por Mauro a la
capital; dijo sentirse bien instruido en física cuántica, sobre todo por haber
estado en manos del excelente maestro que es José María. Dimos las gracias y
partimos de regreso; en el camino Mauro pidió conversar sobre los deseos y
anhelos de los humanos, dado que muchos de ellos solamente son posibles cuando
se ejerce el Libre Albedrío. Hablamos de cómo en el cristianismo se hace
énfasis en los cinco deseos fundamentales: perfecta verdad, perfecto amor,
perfecta justicia, hogar perfecto y belleza perfecta; y la manera en que se
contraponen con los deseos mundanos observados por los filósofos laicos,
particularmente Bertrand Russell, quien hace notar los cuatro deseos que hoy en
día, desafortunadamente, impulsan las actividades de un alto porcentaje de los
humanos: adquisición de cuantos bienes sea posible, rivalidad que hace desear
el fracaso del competidor, vanidad que induce a la presunción y el insaciable
deseo del poder que puede llevar a cometer atrocidades, contra otros humanos y
contra la naturaleza. Para terminar Mauro agregó que el deseo por la perfecta
verdad, el principal impulsor de la ciencia, estuvo muy presente en sus
meditaciones.
Revelación
Interplanetaria
A medio camino, entre la capital
y Santa Cecilia, hay una pequeña ciudad famosa por su hermosa iglesia colonial,
construida en los años mil seiscientos con el estilo barroco hispanoamericano y
dedicada a San José. Decidimos hacer
escala ahí, hospedarnos en un hotel para hacer menos cansado el viaje y conocer
la iglesia. Elegimos una modesta posada,
con un restaurante donde disfrutamos de un delicioso menú casero y después
fuimos a San José. Llegamos cuando se
iniciaba el rosario y nos unimos a las oraciones. Al terminar las plegarias me
di cuenta de que Mauro había entrado en profunda meditación y lo dejé en sus
pensamientos. El resto de los feligreses
salieron y nos quedamos solos hasta que el sacristán vino a decir muy apenado
que debíamos salir, ya era hora de cerrar la iglesia. Mauro salió de su meditación y fuimos al
atrio.
La noche era tibia y serena, nos
sentamos en una banca y Mauro entró en materia: dijo que durante sus últimas
meditaciones, aprovechando la comunicación de las moléculas de los microtúbulos
neuronales con el resto del universo, visualizó mundos de otros sistemas
planetarios, algunos en la Vía Láctea, nuestra galaxia, y otros en galaxias
distantes, hizo énfasis que la transportación de su consciencia era
instantánea, sin mediar distancias. Eligió mundos donde presentía que ya había
vida. Vida que encontró en diferentes estados de una evolución muy similar a la
que se sabe ha ocurrido en nuestro planeta, lo cual corroboraba la teoría de
que los fundamentos para la vida son los mismos y que esta únicamente se
desarrollaría en los planetas con las condiciones necesarias, de los cuales,
entre los millones de millones de millones existentes, había muchísimos
millones que cumplían con los requisitos. En varios de esos mundos observó
primates, pero en ninguno humanos.
Su conclusión era que El Creador
desea que nosotros, sus amados hijos, vayamos a poblar ese maravilloso universo
que el creó para nuestro gozo y para que esto fuera posible nos dotó de deseos
fundamentales, particularmente el deseo por la verdad perfecta, para que de esa
manera desarrolláramos una ciencia que nos diera las herramientas para hacerlo
posible, un deseo por la belleza perfecta para que admiremos y respetemos a la
creación, un deseo por el hogar perfecto para que cuidemos lo que nos otorga,
un deseo por la justicia perfecta para que así como la queremos para nosotros
la otorguemos a los demás y un deseo por el amor perfecto para que sepamos
corresponder al que Él nos otorga a cada momento.
Hicimos una pausa para ir a
caminar en la alameda que está frente a la iglesia y donde había familias
paseando. En silencio observamos la interacción social: niños jugando, jóvenes
coqueteando, adultos conversando. Todos ellos aparentemente sin darse cuenta de
que todos y cada uno de sus pensamientos estaban conectados con el universo. Después regresamos a la banca del atrio para retomar
el tema.
Mauro agregó que percibió la
revelación que El Creador, que todo lo sabe y todo lo puede, se concedió a sí
mismo una excepción necesaria: el dotar a los humanos con la libertad de tomar
decisiones independientes, aunque con ciertos moderadores, tales como la
implantación de un sentido de la ética y de los Cinco Deseos Fundamentales
antes mencionados. Que seguramente El también pensó estos moderadores claramente
nos indicarían que el mal uso del Libre Albedrio podría traer malas
consecuencias. Tan malas que podrían acarrear nuestra extinción. Entonces, dada
la inteligencia que nos había concedido,
no íbamos a ser tan tontos como para perdernos de la posibilidad de disfrutar
de su amor infinito, dado que había creado un universo perfectamente coordinado,
para que pudiéramos tener un planeta perfectamente programado donde la
evolución de las especies pudiera llevarse a cabo y al final estuviéramos aquí.
Y además, con el talento y capacidad para que, sin dañar al planeta, pudiéramos
producir nuestros alimentos, construir nuestras habitaciones, deshacernos de
nuestra basura y llevar a cabo todas las actividades que fueran de nuestro
agrado. Simultáneamente deberíamos desarrollar una ciencia que nos permitiera
cumplir Su deseo de llevar nuestra semilla a aquellos otros millones y millones
de mundos que, conforme con su propia evolución, estuvieran listos para
recibirla. ¡Para lograr que todo esto se lleve a cabo, es obvio que la
concordia y armonía en la tierra son indispensables!
Dicho esto, regresamos a la
posada y cuando nos preparábamos a dormir empezaron las llamadas en mi teléfono
celular. Primero llamó el padre de Mauro
para decir que en su calle había vehículos sospechosos rondando, que pensaba
que los seudo policías habían regresado. Acordamos que por la mañana nos
volveríamos a comunicar para saber que más ocurría. Poco después llamó el sacristán de Santa
Cecilia con observaciones similares, vehículos sospechosos rondando la iglesia;
no había duda, una vez mas alguien quería interferir con los talentos de
Mauro.
Tratamos de dormir, pero pasada
la medianoche entró una llamada de Ingrid. Se le oía muy preocupada y dijo que
a través de información que circulaba en los altos medios corporativos
transnacionales se sabía de una segunda amenaza a la seguridad de Mauro; que
varios poderos grupos del ramo de la biotecnología habían concluido que la
información generada por sus talentos sería suficiente para impulsar
tecnologías que darían ventajas sin límite a quien tuviera acceso, y que había
al menos dos grupos, quizá más, que estarían tratando de raptarlo para forzarlo
a que participara en sus proyectos. Y que en caso de que él se negara,
simplemente lo confinarían en una prisión, quizá con todos los lujos, pero sin
libertad de salir y trabajar para un competidor.
El motivo principal que los
impulsaba a tomar esta medida era que, dada la alteración de la naturaleza por
las actividades humanas, era inminente la transmisión de parásitos, bacterias y
virus de animales hacia los humanos. Que la transmisión de virus de la familia
“corona”, transmisible a través de las finas partículas exhaladas en la
respiración, era la más preocupante, dado que los viajes internacionales
garantizarían que viajeros infectados rápidamente dispersaran los virus a todos
los confines del planeta. Después las normales mutaciones de los virus los
harían particularmente difíciles de combatir. La empresa que lograra
desarrollar medicamentos y vacunas para que, de una manera efectiva, se pudiera
controlar una pandemia mundial, estaría en posición de controlar a la
humanidad. Agregó que no le sorprendería que nuestra conversación estuviera
siendo escuchada y que la tecnología celular permitiría saber dónde
estuviéramos, que quitáramos la batería y ya no hiciéramos llamadas con este
teléfono.
Empacamos y salimos lo más pronto
posible, dirigiéndonos de regreso a la capital, pues pensamos que no habría
mejor escondite que una gran ciudad. Adquirimos nuevos celulares y nos
hospedamos en un modesto hotel céntrico. Después de haber dormido un buen rato,
desde un teléfono público llamé al abad del monasterio, quien dijo no haber
observado nada anormal en los alrededores, que estaría al pendiente y que le
llamáramos nuevamente. Esperamos unos días en el hotel y cuando llegamos a la
conclusión de que el monasterio sería un lugar seguro para Mauro lo instalamos
ahí nuevamente, esta ocasión vestido de fraile.
Regresé a mi parroquia y di cita
los padres de Mauro. Rápidamente acudieron y, lo mejor que pude, les expliqué
la situación. Principalmente a su madre le resultaba difícil comprender lo que
estaba ocurriendo, pero su esposo la convenció que pensara como si su hijo
fuera un predicador perseguido en los inicios del cristianismo y que lo mejor
por el momento era que se ocultara.
Entre otros asuntos debieron
notificar su ausencia, por presunta enfermedad, al director de la escuela donde
Mauro trabajaba y se prepararon para una posible larga ausencia de su hijo,
confiando en que su seguridad estaría en buenas manos; comunicarse con él
directamente no hubiera sido conveniente. Por otro lado, su padre sugirió, como
escondite alterno, la casa de un tío que era pequeño agricultor en las montañas,
no muy lejos de donde ellos viven. Dije que esa decisión quedaba en sus manos
y, después de una breve consideración, llegaron a la conclusión de que permaneciera
en el monasterio, lo cual resultó excelente pues ahí, además de tener rutinas
de oración y tiempo para meditación, también tuvo acceso a un huerto y a una
pequeña granja de gallinas y de conejos, donde pudo continuar con sus
exploraciones en plantas y animales. Por otro lado, José María hizo visitas
semanales al monasterio y Mauro le comentaba sus experiencias durante sus
meditaciones.
Por nuestra parte, José María y
yo establecimos un código de palabras para nuestras conversaciones telefónicas,
en caso nuestros aparatos estuvieran interceptados. En la primera oportunidad,
como dos meses después, visité a Mauro y me comentó sus vivencias recientes;
esta vez un tanto difusas, pero de alguna manera relacionadas con la forma en
que la humanidad debería iniciar la exploración de planetas de estrellas
cercanas a nuestro sol.
Para nuestra sorpresa, poco tiempo
después recibimos noticia de que la Santa Sede enviaría a una representante
para conocer a Mauro. La enviada papal era una científica de ascendencia belga,
profesora de química en una prestigiosa universidad católica en Bélgica, con
muy buen conocimiento de nuestro idioma y cuyo nombre era Aline. José María fue
a recogerla al aeropuerto y la hospedó en un hotel cercano a su casa. Yo pedí
unos días de permiso para ausentarme de la parroquia y poder ir con ellos a
reuniones en el monasterio. Una vez ahí Mauro y Aline conversaron en varias
ocasiones a lo largo de tres días. Al final de las entrevistas ella estaba
perpleja y dijo que no tenia duda que la inteligencia de Mauro era milagrosa y
que sería de gran beneficio para la humanidad; que inmediatamente promovería
una audiencia en Roma ante dignatarios religiosos y laicos.
Ella, enterada de las
precauciones que debíamos tener para la seguridad de Mauro, dijo que fuéramos
planeando una manera segura para trasladarlo al aeropuerto y abordar con el un
avión a Italia. Para terminar, dijo que dadas las circunstancias tan
particulares se había aceptado que ella viniera sin previamente haberse
notificado y coordinado los asuntos con nuestro obispo. Al siguiente día la
acompañamos al aeropuerto y regresó a Europa. Yo regresé a mi parroquia y el a
su trabajo, pero unos días después recibimos citatorio para acudir a la oficina
de nuestro obispo, donde fuimos regañados por haber hecho cosas a sus espaldas.
Nos dijo que por ahora se nos perdonaba pero que no lo volviéramos a hacer.
Después firmó un cheque para gastos de viaje, suficiente para tres boletos de
avión a Roma, e indicó que iniciáramos preparativos a la brevedad posible, ya
nos estaban esperando. Para terminar, dijo que podíamos disponer del tiempo
necesario para este asunto, que buscaría un substituto temporal para mi
parroquia, así como un profesor substituto para José María.
Intensamente
Observados
Inmediatamente fuimos a una
agencia de viajes para indagar sobre fechas y horarios, y así nos enteramos que
el viaje mas directo sería con escala en Madrid. Ya con una idea de cómo sería
el viaje regresamos al departamento donde empezamos a planear detalles, pero en
ese momento alguien llamó a la puerta. Era un monje del monasterio que había
sido enviado para no hacer uso del teléfono, temiendo estuviera intervenido.
Venia para notificar que recientemente habían percibido ser observados por
gente desde un automóvil que circulaba con frecuencia en las inmediaciones.
Obviamente nuestras frecuentes llamadas telefónicas y movimientos habían sido
detectados.
Inmediatamente fuimos los tres al
monasterio, donde junto con el abad organizamos una estrategia para sacar a
Mauro. Resultaba que un repartidor iba diariamente a entregar alimentos en una
tricicleta repartidora con plataforma. El hombre, que vestía un uniforme, llegaba
a la puerta, tocaba el timbre, alguien abría, el entraba a depositar el pedido
tras la puerta, después regresaba a su vehículo y pedaleaba de regreso a la
bodega.
Entonces compramos una tricicleta
repartidora, provisiones y dos uniformes iguales al del repartidor. Después
notificamos a la empresa proveedora que cierto día no enviara provisiones y en
su lugar llegué yo, uniformado y pedaleando la tricicleta. Toqué el timbre,
entré en tres ocasiones para colocar mi carga tras la puerta, pero al final
quien regresó al vehículo repartidor fue Mauro uniformado. El pedaleó de
regreso hasta la bodega de la empresa distribuidora donde José María lo subió a
su automóvil y viajaron a la capital para hospedarse en un hotel de la zona del
aeropuerto. Mas tarde yo tomé un autobús para el regreso y me uní al grupo. Tres
días después partimos y durante nuestra escala en Madrid, desde un teléfono
público, notificamos a nuestros huéspedes que íbamos en camino y llegaríamos al
día siguiente.
Para nuestra sorpresa, en el
aeropuerto italiano nos recibieron dos dignatarios y dos guardaespaldas, la
Santa Sede no quería incidentes, y nos llevaron a un monasterio en las afueras
de la capital, donde nos hospedaron en tres confortables habitaciones. Al día
siguiente fuimos presentados a Fr. Jorge, quien sería el director del proyecto;
el nos explicó que para iniciar se entrevistaría personalmente con Mauro y después
con cada uno de nosotros y, dependiendo de los resultados, nos informaría cual
sería el procedimiento por seguir.
Solamente le fueron necesario a
Fr. Jorge cuatro días de entrevistas para concluir que el asunto era auténtico
y que debía organizarse un comité de trabajo para determinar lo que debería
hacerse. Asimismo, se nos notificó que se efectuaría una entrevista con el Papa
una vez que tuviéramos un plan concreto.
Para iniciar, tuvimos una sesión completa con el equipo
de trabajo conformado por: dos teólogos donde Fr. Jorge, además de ser el
coordinador, estaba incluido; dos científicos donde, para nuestra agradable
sorpresa, Aline y José María eran los participantes; dos personas de ciencias
políticas, otros dos de relaciones internacionales y Mauro, con un papel
variado que podría haber sido definido como: asesor, consultor, consejero y
mediador divino. También se decidió que por ahora era conveniente que yo
permaneciera en el lugar como su guía espiritual, pero sin participar en las
deliberaciones. Este protocolo tan completo me convenció que Mauro estaba en
buenas manos y decidí informar a sus padres donde estábamos. Ellos estuvieron
gratamente sorprendidos y su madre lloró de alegría.
La primera sesión de trabajo duró dos semanas, durante
las cuales Mauro tuvo una de sus visiones divinas, descrita como un recorrido,
en medio de una profunda tranquilidad y concordia, desde los rincones mas
infinitesimales de un átomo, pasando por las perfecciones biológicas de los
seres vivos, con énfasis en el cerebro humano y hasta las galaxias y espacios
interestelares mas distantes.
El Futuro de la Humanidad
El mensaje estaba claro para el equipo de trabajo: el
futuro de la humanidad estaba en sus manos. Al final de la reunión emergió el siguiente notificado
a la comunidad mundial:
1- Se reitera que somos los amados hijos de Dios, creador
del universo y de la tierra, que para nosotros El desea lo mejor en la vida
corporal, así como en la vida después de la muerte.
2- Como constancia de su amor, nos ha hecho guardianes de
su creación y, en un primer paso, estamos teniendo la oportunidad de disfrutar y
cuidar este planeta. Si demostramos capacidad el premio se mostrará por si
mismo; la posibilidad de llevar esta su semilla a otros confines del universo, donde
igualmente deberemos disfrutar y cuidar debidamente lo que vayamos descubriendo.
3- Prueba de lo anterior son los cinco deseos
fundamentales anhelados por nuestra alma desde que nacemos: el deseo por la
verdad perfecta, el amor perfecto, la justicia perfecta, la belleza perfecta y
el hogar perfecto. Estos nos inducen a ser dedicados exploradores de Los Designios
del Creador, es decir, tenemos el deseo de saber que existe hasta en los
últimos confines del universo, tanto en la inmensidad de las galaxias y los
espacios intergalácticos sujetos a lo que se conoce como la Teoría de la
Relatividad, así como de la microscopía y dinámica de las partículas atómicas y
subatómicas sujetas a lo que se conoce como Mecánica Cuántica.
4- Paralelo a los Deseos Fundamentales, El Creador nos
concedió el Libre Albedrio, es decir la capacidad de actuar o no actuar, porque
nos ama y desea que podamos comportarnos de manera independiente y responsable,
de la misma manera en que nosotros lo desearíamos para nuestros hijos cuando han
crecido. Desafortunadamente esta concesión ha sido mal entendida y peor
utilizada, para cometer toda clase de abusos en contra de la naturaleza y en
contra de otros humanos, olvidando que todo y todos deben ser amados y
respetados.
5- Para lograr el cumplimiento de los cinco deseos, una
vez mas reconocemos y recordamos a la humanidad que la comprensión, el
entendimiento y el amor de los unos a los otros, como lo indica el creador en
sus mandamientos, son indispensables.
6- El Creador, para apoyarnos tal como lo ha hecho en
muchas ocasiones anteriormente, nos envía a un ser extraordinario, llámese:
científico, predicador, profeta, místico, o el nombre que mejor se ajuste a
cada cultura. Esto para recordarnos que debemos enmendar nuestro comportamiento
y actuar de tal manera que todos podamos disfrutar de sus concesiones, es decir
de un planeta, un sistema solar, una galaxia y un universo perfectamente
coordinados para que podamos utilizar sus recursos en nuestro goce, pero sin
perturbar el balance; ni entre la naturaleza ni entre nosotros. Esta persona,
con sus extraordinarios talentos, formará parte de un grupo internacional de
pensadores que nos ayudarán a solventar los obstáculos que se vayan presentando
en nuestro objetivo de alcanzar plena concordia y amor a Dios y a su creación.
7. Reconocemos que
la multiplicidad de culturas, uno de los resultados del Libre Albedrío, ha dado
lugar a gran número de religiones, las cuales han inducido rivalidades y
terribles diferencias. Entonces, con la intención de iniciar un proceso que
eventualmente conduzca a la reconciliación y al entendimiento, proponemos la
creación de un organismo llamado Organización de las Religiones Unidas, el cual,
de manera similar a la Organización de los Naciones Unidas, deberá promover
comprensión, entendimiento y tolerancia entre las diversidades actuales y
futuras.
Paralelamente con la publicación del comunicado hubo
discursos y recepciones papales, donde Mauro fue recibido y presentado a la
humanidad. Una gran cantidad de asociaciones religiosas y de naciones aceptaron,
de manera tentativa, participar en la creación de la Organización de las
Religiones Unidas y se crearon grupos de trabajo para elaborar una constitución
en base a los previos enunciados, lo cual tomará varios años para ponerse en
práctica. Independientemente de la cantidad de discusiones y divergencias que
irán surgiendo, confío que lograrán solventarlas y llegar a un acuerdo.
Una vez iniciado el proceso y viendo que Mauro ya no me
necesitaba, di por terminada mi función y pedí regresar a Santa Cecilia. Mi
obispo me ofreció un puesto administrativo en su oficina, pero no acepté
considerando las necesidades de mis feligreses en la parroquia.
Transcurridos dos años desde nuestro primer viaje a Roma,
fui invitado a regresar para un encuentro con Mauro. Durante este tiempo solamente
había recibido una llamada de José María comentando que todo avanzaba bien pero
que no habría mas comunicados, ni por teléfono ni por correo, para prevenir
filtraciones de información sobre las deliberaciones o sobre las visiones
divinas que de tiempo en tiempo Mauro tenia, ello podría generar negativas
polémicas que descarrilaran el proyecto. José María fue a recogerme al
aeropuerto y me llevó hasta la puerta del edificio donde ahora vivía Mauro. Era
un edificio donde se recibía y hospedaba a dignatarios y por lo tanto con buen
grado de vigilancia y seguridad. Ahi me dijo que me preparara para recibir
agradables sorpresas y se despidió, tenía asuntos por atender. Después un
guardia de seguridad me condujo hasta el departamento de Mauro; el abrió y me
encontré con la primer agradable sorpresa ¡También estaba Ingrid y tenían un
par de pequeños en brazos! Habían contraído matrimonio año y medio atrás y ya
eran padres de un par de mellizos, niño y niña.
Unos pasos adelante estaba la siguiente sorpresa: los
padres de Mauro así como los de Ingrid. Todos habíamos sido invitados para una
ocasión muy especial, hasta ahora secreta por cuestiones de seguridad. La mesa
estaba preparada y durante la cena me platicaron como Mauro, sintiéndose solo y
nostálgico, se dio cuenta que estaba enamorado de Ingrid. Decidió contactarla y
de esta manera se enteró que ella, desde poco tiempo después de conocerlo, le
había correspondido en sentimientos. Hubo una rigurosa investigación por parte
del equipo de seguridad y, una vez que estuvo claro que Ingrid no pudiera pertenecer
a los grupos que deseaban monopolizar a Mauro, se autorizó que se llevara a
cabo el primer encuentro. De ahí en adelanto lo demás fue rápido.
Después de la cena Mauro y yo pasamos a una pequeña
oficina, quería ponerme al tanto sobre el desarrollo del proyecto. Me explicó
que estaban trabajando en lo que sería la declaratoria de Objetivos Para el Futuro
de la Humanidad; obviamente objetivos que estuvieran de acuerdo con los
lineamientos y deseos de El Creador, tal como era percibido en sus visiones
divinas. Entre los mas importantes estaba lo relacionado con el anhelo por la
exploración de hasta los últimos rincones del Universo, con la clara intención
de llegar a habitarlos.
En una primera fase se deberían concentrar los recursos
en el perfeccionamiento de la nombrada “inteligencia artificial”, recalcando
que este es un nombre no apropiado, porque la emergente ciencia, al igual que
todas las demás, no es mas que un derivado en apoyo de la inteligencia natural
que Dios ha concedido, pero de ninguna manera es un equivalente o un substituto,
pues no tiene alma. Automatización Avanzada sería un nombre mas correcto.
Conclusiones
El objetivo de este perfeccionamiento estaría dividido en
dos secciones paralelas:
En la primera se implementarían robots con la capacidad
de soportar largos viajes interplanetarios para ser asentados en planetas de
estrellas cercanas a nuestro sistema solar, donde las exploraciones
espirituales de Mauro indicaran que existiera la posibilidad de inducir una
ecología similar a la nuestra. Dado el largo tiempo requerido para el
transporte de la información, estos robots deberían ser diseñados de tal forma
que una vez asentados en un lugar pudieran laborar con reducida interacción con
sus controladores humanos. Primero en la instalación de equipo para recolectar
la energía que les permitirá trabajar durante largas temporadas y después en la
construcción de talleres para su mantenimiento y reparación, así como
construcción de nuevo equipo, incluyendo réplicas de ellos mismos.
En la segunda, tomando en cuenta que sería extremadamente
complejo y tardado diseñar paso por paso la Automatización Avanzada requerida
para estos robots, se trabajaría arduamente para inventar equipo electrónico
que tuviera la capacidad de capturar y almacenar elementos de la inteligencia humana
que le fueran transferidos desde una persona. A su vez este equipo electrónico,
con su software individualizado, podría ser instalado en los robots interplanetarios,
los cuales adquirirían cierto grado de personalización y autonomía para tomar
decisiones independientes. De esta manera se lograría que fuera mas eficiente
su trabajo.
Esta segunda etapa generaría grandes incógnitas por
resolver:
- ¿Se podría transferir inteligencia de una persona sin
dañar su cerebro?
- ¿Tal vez solamente sería correcto transferir inteligencias
de personas que estuvieran por fallecer?
Si fuera el caso: - ¿Que ocurriría con el cuerpo y el
alma del “donador”?
- ¿Un cerebro electrónico llegaría a tener o no la
capacidad de albergar el alma?
En caso de ser posible: -¿Sería ético y deseable instaurarlo?
- ¿Sería posible la réplica de consciencias? Si esto
llegara a ocurrir - ¿Qué conflictos éticos, morales y religiosos surgirían?
En una tercera etapa, independiente de las anteriores
donde únicamente se contempla exploración de sistemas solares próximos, se examinaría
la posibilidad de la teletransportación intergaláctica, en base a postulados de
la teoría cuántica conocidos como “El Entrelazamiento” (Entanglement) donde
se establece que los elementos de la materia, bien sea de objetos inanimados o
de seres vivientes, no están hechos de partículas independientes, mas bien son
parte de un todo inseparable; un constituyente no puede describirse sin tener
en cuenta el otro o los otros, bien sea que el otro o los otros estén aquí o en
la galaxia mas remota. Dicho en otras palabras, la teletransportación es
posible, tal como se ve en el programa Viaje a las Estrellas (Star Trek).
Esto es: ¡¡¡La ciencia secular
describiendo a Dios y a nuestra autorización para habitar Su universo!!!
Este aspecto traería cuestionamientos aun mayores
respecto al posible o no posible seguimiento del alma a donde fuera el cuerpo,
lo cual nosotros veíamos como consecuencia natural, ya que la esencia para cada
alma siempre ha existido, desde el momento de la creación, en todos los
rincones del universo. El cuerpo al que corresponde es simplemente una especie
de ancla temporalmente asignada, una antena emisora y receptora desde donde se
comunica con todos los confines del universo.
Para terminar, especulamos como deberían ser los planetas
con una ecología ya ajustada para recibir humanos: Sabiendo que producción de
energía a partir del carbono, e inclusive la hidroeléctrica, son nocivas para
el medio ambiente, entonces se deberían concentrar los esfuerzos en capturar la
energía emanada de las estrellas cercanas. Esta energía se utilizaría primeramente
en la operación del equipo agrícola que sembraría y cosecharía los alimentos.
Después en la construcción de nuestros hogares, en manufactura de enseres y
equipo, en transporte local e interplanetario, para la comunicación local e
interplanetaria, una porción en la educación, la necesaria para disfrutar el
tiempo libre y, muy importante; para demostrar nuestro agradecimiento al
Creador con la construcción de centros ceremoniales, para meditación y oración
individuales y colectivos.
Dimos por terminada nuestra conversación y me llevaron a
mi departamento. Yo sufría del agotamiento causado por los cambios de horario,
pero aun así no podía dormir pensando en todo lo ocurrido.
Días después tuvimos del bautizo de los pequeños; esto
fue en una hermosa capilla local decorada con impresionantes frescos de uno de
los mas famosos pintores del Renacimiento, incluyendo varias alusivas a la
creación y a la concesión del alma a los humanos. Todo muy de acuerdo con el
tema de las nuevas vidas que se estaban iniciando.
Ahora me encuentro de regreso en mi parroquia contento y
agradecido por haber tenido la oportunidad de participar en un evento que sin
duda traerá grandes beneficios para la humanidad. Por otro lado, tengo que
pensar cómo explicar a mis feligreses el motivo de mi ausencia y lo que está
ocurriendo en el Vaticano.
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